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Rey de Socos

domingo, 1 de octubre de 2017

MARCOS MACUADA

 
 Marcos Macuada (de pie) con Gerónimo Arancibia
 Carnet de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile
Marcos Rigoberto Macuada Ogalde, nace en Ovalle en 1888. Es el hijo mayor de Marcos Nonato Macuada Rojas y Eloisa Ogalde Luque. 
  • 1895: Inicia estudios primarios en la Perla del Limarí.
  • 1901: Continúa estudios secundarios en el Liceo de Hombres “Alejandro Álvarez Jofré”, donde cursa de primero a tercero de Humanidades.
  • 1904: Ingresa al Liceo Gregorio Cordovéz de La Serena, donde cursa cuarto, quinto y sexto año de Humanidades.
  • 1907: Inicia estudios terciarios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, Santiago.
  • 1912: A punto de recibirse de Médico, cursando quinto año de Medicina, junto a dos compañeros, Gonzalo Castro Toro y Arturo Barraza Araya, acuden, como voluntarios, a Tocopilla, para ir en ayuda de las víctimas de la fiebre amarilla. El joven Marcos es contagiado y muere el 21 de junio, a los 24 años.
Sus restos son trasladados desde Tocopilla a Valparaíso a bordo del vapor “Teno”, y desde allí hasta Coquimbo, en el Vapor “Palena”, para terminar en su natal Ovalle, donde descansan en el Cementerio Municipal.
La Universidad de Chile, le otorga -post mortem- el título de Médico Cirujano.
El profesor Vicente Izquierdo, al recordar su paso por la Facultad de Medicina, dice de él: "Era de una inteligencia clara, de buen criterio, trabajador, tenaz y muy querido por sus compañeros. Ya en quinto año alcanzó el honroso puesto de interno en la Clínica de Niños"

Llevan su nombre:

El Hospital de Tocopilla.
El Centro de Salud Familiar (CESFAM) de Ovalle.
Una calle en la comuna de Independencia, Santiago, (entre Vivaceta y Recoleta)
Una calle de la población Pacífico de Ovalle.
La Escuela de Limarí, Ovalle.

EL PRIMER VOLUNTARIO MÁRTIR

“En febrero de 1912 se declaró una epidemia de fiebre amarilla en la entonces floreciente ciudad-puerto de Tocopilla, en el norte del país.
Según el historiador Damir Galaz-Mandakovic, la enfermedad habría llegado a la localidad en un barco británico proveniente de Guayaquil, trayendo consigo a un tripulante que mostraba graves síntomas del mal.
La epidemia se extendería por toda la ciudad y también hacia los campamentos mineros del interior, matando a 319 personas entre febrero y junio de ese año.
Al enterarse de la situación, el gobierno comisionó al doctor Pedro Lautaro Ferrer para combatir el foco, quien viajó a la zona acompañado por un grupo de estudiantes voluntarios de medicina de la Universidad de Chile, que formaron la cuadrilla sanitaria.
Uno de los integrantes del grupo era el destacado estudiante Marcos Macuada Ogalde, a quien la FECH, años antes, le había confiado la dirección de la Escuela nocturna para Obreros.
Macuada colaboró con la desinfección de la ciudad y el tratamiento de casos graves, contagiándose él mismo con la enfermedad en una de sus tareas.
El 21 de junio Macuada falleció, convirtiéndose en la víctima fatal número cuatrocientos de la epidemia.
Según la investigación de Fabio Moraga, las autoridades políticas del país enviaron cartas de condolencias al doctor Vicente Izquierdo, por entonces decano de la Facultad de Medicina, mientras que el cuerpo de Macuada fue enterrado en Ovalle, su tierra natal, con honores de cirujano muerto en acción de guerra.
La muerte del joven voluntario impactaría especialmente en los mismos estudiantes y su joven organización, para los cuales el trágico fallecimiento sería una motivación que renovó sus convicciones de servicio público: “Esta desgracia, lejos de afectar el ánimo, fue un aliciente para los objetivos de la organización estudiantil. 
Al año siguiente, la Escuela nocturna sostenida por el Centro de Estudiantes, que funcionaba en calle Independencia, fue rebautizada con su nombre, lo mismo ocurrió con una calle aledaña a la Facultad de Medicina”.
El nombre de Marcos Macuada resuena hasta el día de hoy en la Facultad de Medicina y también como parte importante de la historia del movimiento estudiantil. Su ejemplo sería continuamente rescatado al momento de hablar de trabajos voluntarios y de la responsabilidad del estudiante con la realidad del país y las necesidades de la gente”.

Texto tomado de:
“DE LA EMERGENCIA A LA ESPERANZA: EL VOLUNTARIADO DE LA FECH POST TERREMOTO 2010 Y SU INFLUENCIA EN LA RECONSTITUCIÓN DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL EN LA UNIVERSIDAD DE CHILE”
Fabián Ilich Araneda Núñez, Mario Adolfo Arredondo Briner
MEMORIA PARA OPTAR AL TÍTULO DE PERIODISTA
UNIVERSIDAD DE CHILE, Santiago, julio 2015. Pág. 17

2 comentarios:

Gladys dijo...

Ojalá los estudiantes actuales siguieran su ejemplo colaborando como voluntarios en las necesidades de la gente y del país, en lugar de destruir nuestro amado Chile

DIAGUITA dijo...

GLADYS: Gracias por postear.
Un abrazo de Diaguita.
Memo