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Rey de Socos

domingo, 22 de marzo de 2009

FRASES TIPICAS DE PROFESORES


- Saquen una hoja.
- ¿Usted es tonto o se hace?
- ¿Acaso no estoy hablando claro?
- Ustedes son el futuro de Chile.
- Ya los quiero ver en la Universidad.
- A ver el graciosito ¿Por qué no nos cuenta el chiste a todos?
- No te voy a anotar por chistoso, te voy a anotar por fome.
- A ver, un voluntario…usted Morales, al pizarrón… ¿no? Entonces por lista…21: Morales.
- Le he hecho clases a deficientes mentales y son más inteligentes que ustedes.
- Ustedes no vienen aquí a estudiar, vienen a aprender. En la casa se estudia.
- ¿Se pueden callar las comadres de allá atrás?
- Usted joven, ¿en su casa bota los papeles en el living?
- Soto, mañana se me corta el pelo, si no, no entra a mi clase.
- Te voy a poner un cinco, pero callampín bombín.
- Conmigo pueden copiar, el problema es que los pille. Y al que lo pille, le voy a poner un cero, no por ladrón, sino por huevón.
- El siete es para Dios, el seis para el profesor, confórmese con un cinquito.
- ¿Por qué no viene aquí adelante y hace usted la clase?
- ¿Saben el sacrifico que hacen sus padres para que estén sentados en ese banco?
- Como diríamos en lenguaje tenístico: “Dos pelotas más” (Refiriéndose a dos alumnos ingresando atrasados a clase).
- Araya, o te callas o te vas fuera.
- Para el examen del lunes no habrá justificativo: o llega el alumno o el certificado de defunción.
- ¿Y usted de qué se ríe? ¿No sabe que la risa abunda en la boca de los tontos?
- González, baje de la estratosfera.
- ¿Cómo que mesa es verbo? ¿Usted conjuga: Yo mesa, tú mesa, él mesa…?
- Díaz, sáquese el chicle de la boca, parece burro mascando limón.
- Se los he dicho hasta el cansancio.
- Las viejas materas del centro de lenguas…cállense.
- Las notas de la prueba estuvieron bastante bien, sólo tengo que decirle a un alumno que BATICANO se escribe con “uve”. (risotada general). ¿De qué se ríen? Para mí es una tragedia.
- Parece que seguimos con sequía. (Refiriéndose al mal olor en la sala).
- Bueno. Si anoche, en vez de preparar la interrogación, estuvo pololeando; del cero que tendrá como nota, no lo salva ni su Dulcinea… ¿oyó?
- Lo siento joven, pero usted está más perdido que Tarzán en el día de la madre.
- Pérez, haz el favor de ponerte en pausa, mientras estoy explicando. OK?
- ¿Usted cree que está en un rodeo, joven?
- Las líneas no se tiran, se trazan, pedazo de bruto.
- Contésteme la pregunta, joven, no me abra los ojos, que no le voy a echar gotas.
- Despierten a la bella durmiente.
- Esa materia la doy por pasada…y va en el examen… ¿he?
- Toda la explicación está en el libro, puh’iñor.
- Les dejo este ejercicio para la casa. Me lo traen la próxima clase.
- ¿Quién es el profesor? ¿Usted cree que estoy pintado aquí?
- Como el árbitro es el dueño de la cancha, yo soy el amo y señor de la sala ¿les queda claro?
- Núñez, para levantar este uno, va a necesitar una grúa.
- Parece que le estoy hablando a la pared.
- No vamos a salir de aquí hasta que aparezca.(por cualquier cosa que se haya perdido).
- ¿Acaso usted piensa que sabe más que yo?
- Algún día me van a agradecer que haya sido tan exigente y duro.

jueves, 5 de marzo de 2009

PRIMER DIA DE CLASES


Tempranito, de la mano de la Mamá, vamos nerviosos, parcos y con pocas (o ninguna) ganas de ir. Comenzar a asistir a la Escuela es el fin de los años protegidos, felices e irresponsables. Salimos del nidito que nos han fabricado nuestros padres y comenzamos a interactuar con personas que no son de la familia. En nuestros tiempos, el Kinder no existía; llegábamos directamente a primero.
Ese día teníamos todo nuevo: calzoncillos, calcetines, pantalones, zapatos, camisa, corbata y chaqueta. Además de: cuadernos, Silabario, un lápiz faber número dos, con una goma de borrar con olor a plástico, atada con una pita, lápices de colores, papel lustre, un estuche con un sacapuntas, un montón de huevadas y un sándwich de pan francés con mantequilla y mortadela…; p’al recreo, poh.
Las niñas van con el jamper clásico, peinadas con chapes que les estiran los ojos, con las patas flacas envueltas en medias blancas y zapatos de charol. Tampoco existían las mochilas, sino los bolsones de cuero, con una correa que uno se la cruzaba al hombro, el bolso para el poto y ya estábamos camino al patíbulo. Primera hora: puro llanterío. Quiero a mi mamá.
Nos enseñan a formarnos, tomar distancia y la palabra más escuchada, desde ese día, y por la eternidad, es: ¡silencio! El canto del Himno nacional con izamiento de la bandera era lo habitual de los lunes. Luego, unas palabras de bienvenida del director y a formarse de nuevo frente a la sala…entrar en silencio, sin desorden, sin apurarse, niños.
-¿Cómo te llamai?...-¿Dónde vives?...-¿Te gusta jugar a la bolitas?
-A ver, niños, quienes saben contar hasta diez, levanten la mano, quien conoce los colores, quien sabe cantar, quien va a recitar una poesía.
Quiero a mi Mamá.

El esperado toque de campana para salir a recreo es la oportunidad de una liberación de tensiones reprimidas. Por más que el profesor insiste en el orden, salimos al patio como una estampida de potrillos salvajes, con el sándwich en la mano. -¿Qué trajiste tú? -Yo tengo pan con huevo revuelto. -¿Te lo cambio?
Nos ponemos a jugar a las bolitas, al trompo, a la pirinola; pero, lo mejor, es la pelota, a la que todos queremos patear y comienza el deterioro de los zapatos nuevos y de forjarse un siete en el impecable pantalón gris. Se da inicio a la primera pelea de tu vida con otro niño, porque te tocaron la oreja con los dedos untados con saliva. Rodamos por el suelo como los titanes del ring. Resultado: ojo en tinta, sangre de nariz y hocico hinchado. Quiero a mi Mamá.
Regresamos a la sala todos transpirados, de nuevo en el banco y sacamos los lápices de colores, porque vamos a pintar unos monos pre-dibujados.
Toque de campana nuevamente, esta vez para regresar a la casa. Fórmense en silencio, hasta mañana, salgan en orden, niños. -Guillermo, ordénate la camisa, péinate ese pelo y súbete el cierre.
La mamá en la puerta de la Escuela: -Mijito, por Dios, ¿qué le pasó?, pero mire como viene, la corbata y la camisa nueva manchada con sangre, lo pantalones salpicados con barro, los zapatos pelados, pero, por Dios, Guillermo, mañana hablo con el profesor para mandarte con overall mejor, no puede ser, que te ensucies como un chancho, cabro de porquería, oh. Esperemos que venga tu hermana y nos vamos.
El Papá en la casa: -¿Qué le pasó al niño? – Peleando, poh, mira como viene hecho un desastre, ay Dios mío, yo no sé para qué una se preocupa tanto de mandarlo impecable a la Escuela y mira como llega. – Déjalo, no más, mira que así aprende a ser hombre. Los hombres deben pelear. – ¡Pero tiene seis años! ¿Te das cuenta?- Bueno, no le pongas tanto, ya te vas acostumbrar. Y dime, hijo: ¿Cómo quedó el otro?...
Los primeros trabajos que daban de tarea p’a la casa, era dibujar palitos: rectos, a cuarenta y cinco grados a la derecha y a la izquierda; círculos, cruces, medias lunas, etc., en un cuaderno que se llamaba de caligrafía. Luego venían las vocales y las consonantes y enseguida los números. Con el Papá, comenzábamos a practicar, por las noches, con el Silabario: la, le, li, lo, lu; pa, pe, pi, po, pu…y etc.
De allí en adelante, cada día la misma rutina: levantarse, bañarse, tomar desayuno apurado y de vuelta a la Escuela. Luego las cosas cambian: -Mamá, ándate no más. Yo estoy bien y no me vengas a buscar, me voy con el guatón Navea y el negro García.
A fin de cuentas, ir a la Escuela no es tan terrible. Ya me siento grande y, lo mejor, ya comienzo a tener amigos.


Dedicado con mucho cariño a mi profesor de primer año, en la Escuela de Monte Patria, don Manuel Zuleta: gran hombre, excelente maestro y bella persona. Aunque ya se lo hice saber personalmente hace unos años, gracias por haberme enseñado mis primeras letras. Un alumno eternamente agradecido.Si algún montepatrino lee esta nota, por favor, transmítanselo. Gracias.

sábado, 14 de febrero de 2009

ASADO



- Pónele papel de diario arrugado y luego el carbón encima, se prende rebién.
- Mejor sale enrollar los papeles en una botella, luego, le sacai la botella y le tirai el fósforo adentro del cilindro y listo…ahueonao.
- Yo creo que mejor le echai parafina y se va a encender altiro.
- Bueno, yo que he sido scout, sé prender fuego…Hay que hacer una pirámide con el carbón.
- Tráete un cajón de durazno mejor, partimos las tablas y vai a ver cómo se va a encender.
- No le pongai bencina, ¿no veis que la carne va a salir pasada a combustible?
- Oye, con cera p’al piso, el carbón se enciende súper bien.
- Puta, que echa humo la hueá…vamos a quedar con olor a viejas de campamento
- Que alguien traiga un cartón, pa’echarle viento, poh.
- Mejor te sale con el secador de pelo.
- ¿Por qué no le ponís el maricón, mejor?
- Me encanta el carbón de espino... ¿veís lo rico que se enciende?
- Bueno, la cosa está re’seca por aquí poh, que alguien se prepare un pichunchito, por lo menos.
- Aquí hay aceitunitas amargas, quesito gauda y manicito pa’picar.
- Traigan la carne no más…el fuego está listo.
- ¿Adónde la viste? ¿A quién se le ocurre asar vienesas?
- Bueno, para los que están a dieta, voy a poner unas pechuguitas de pollo.
- ¿Yo? Puro tintito, compadre, gracias.
- Que el dueño de casa haga un brindis, poh.
- ¡Salud por este encuentro de amistad! Pucha, qué les puedo decir…estoy contento que estén en mi casa…hace tanto tiempo que no nos veíamos. Salud!
- ¿Qué estai tomando tú?
- ¿Alguien ha probado el mango sour?
- Aquí les dejo las ensaladas. Ninguna tiene aliño. Cada uno le pone a su gusto… ¿ya?
- Oye, no le dis tantas vueltas a la carne, déjala tranquila, que se dore bien por un lado.
- Están listos los chorizos, el pancito está caliente, ahí tienen la mayonesa.
- A mi me gustan los choripanes con lechuguita.
- ¿Te traigo un plato? …-No gracias, yo como al lado de la parrilla, la flor del asado.
- Muy rico el arroz graneado.
- Cachen el cielo, que noche más linda. La luna parece un queso de cabra.
- Lo mejor de todo es la ensalada de berros, hace años que no comía.
- ¿Y el pebre? ¿Cómo lo hallai?
- Nadie ha probado mis papas mayo.
- Y bueno... ¿Otro brindis? ¡Salud! Por la amistad, por la familia y por estar juntos.
- Los tutos de pollo están listos… ¿Alguien no los ha probado?
- Ya puh, guatón, no te comai todo.
- ¿Quién me convida un pucho?
- Y bueno… ¿Qué pasó con la guitarra, compadre?
- Vamos a comenzar con algo romántico.
- (Cantado) -Este es el cuento del gallo pelao, que salta la tapia y se queda enredao…
- Aquí hay más pollito calientito, p’al que quiera.
- Oye, gracias, ya hemos comido demasiado.
- Te quedó bueno el asado, compadre, ¡salud por eso!
- Lo mejor de todo es estar juntos.
- Salud por la dueña de casa.
- ¿Qué hay de postre?
- Ya nos tenemos que ir. Oye, son las tres de la mañana.
- Gracias por venir. Recuerden, ésta es su casa.
- Muy rico todo. Nos vemos, compadre. Gracias.Gracias. Ojala se repita.
- ¿Y vos podís manejar?. – Shhh…curao manejo mejor, compadre.
- Chao. Chao. Lo pasamos súper bien. Nos vemos. Cuídense. Gracias.

martes, 27 de enero de 2009

PARROQUIA EL DIVINO SALVADOR



Ubicada en la calle Antonio Tirado, forma un armonioso conjunto arquitectónico con el edificio del Colegio San Viator. 
Exteriormente, el templo destaca por su estructura moderna, de concreto armado, líneas rectas, con ventanales románicos provistos de vitrales de colores. 
El campanario sobresale y llama la atención desde cualquier punto de la ciudad. Sus dimensiones son 70 mts de largo, por 45 mts de ancho.
En la parte superior de la puerta de entrada, se observa un original fresco que representa a un Cristo crucificado, fusionado con la figura de San Francisco de Asís.
Una vez que se accede al templo, a la derecha de la entrada principal, cuenta con una pequeña sala con la Pila Bautismal y al lado izquierdo un Velatorio para servicios fúnebres.
La construcción es de tres naves y el cielo es semicircular, terminando en el altar mayor ubicado bajo una media cúpula, decorada con un fresco que representa el relato de la transfiguración del Señor, con la figura de Cristo resucitado como elemento principal, la presencia de los profetas Moisés y Elías a cada costado, y, en la parte baja, los sorprendidos apóstoles Pedro, Santiago y Juan (Mt 17,1-9), al costado izquierdo se observa la expulsión de Adán y Eva del paraíso; y en el extremo derecho, las dolorosas Marías: la Magdalena y la madre de Jesús, llorando frente a la cruz vacía. Todo este fino arte, de figuras humanas estilizadas, incluidas las 14 estaciones del Vía Crucis, ubicado en los muros laterales altos, es obra del P. Juan José Meyers.

  • 1952: es el mes de mayo, es colocada la primera piedra.
  • 1961: en septiembre, es erigida como Parroquia. Su primer Párroco fue el padre Celeste Baestens, de la Orden de los Franciscanos Belgas.
  • 1962: llegan, desde Viña del Mar, los Clérigos de San Viator, originarios de España, quienes se hacen cargo del Colegio.
  • 1980: los Clérigos de San Viator, asumen la Parroquia, cuando los Franciscanos emigran, luego de haber estado por 33 años en Ovalle.
La Parroquia entrega servicio pastoral a un amplio sector de la ciudad, incluidas algunas Capillas en las poblaciones Villalón, Carmelitana, Limarí, Romeral y Villa Tuquí; además de las Iglesias de Huamalata, Villa seca y Samo Bajo.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

PATIPERROS



En los 70’s, los ovallinos nunca nos imaginamos que, alguna vez, íbamos a vivir en otra ciudad que no fuera la Perla del Limarí ni en otro país que no fuera Chile.
Pero, los tiempos y las circunstancias cambian irremediablemente, y hoy, somos una gran cantidad de coterráneos que vivimos en el exterior.
Algunos se fueron, en esta suerte de éxodo, voluntariamente, por amor; incontables sufrieron el exilio; otros partieron por razones de estudio y muchos, en la búsqueda de un mejor porvenir. 
Entonces, un determinado día, luego de un llanterío a moco tendido y una regada, conversada y bulliciosa despedida hasta las tantas de la madrugada, con muchos temores y esperanzas, empacamos los veintitrés kilos permitidos en bodega, más los ocho kilos en un bolso de mano, nos subimos a un avión y dejamos el terruño.
Cada uno ha tenido diferentes experiencias, por la diversidad de lugares donde le ha tocado vivir; pero, podemos aventurarnos al afirmar que, muchas de ellas son comunes. 
Al principio, como todo lo nuevo en la vida, cuesta acostumbrarse. 
La verdad, es re-contra difícil. Lo primero que extrañamos es la cordillera. Uno no concibe un paisaje sin montañas y el sentido de orientación se dificulta una barbaridad, porque carecemos de nuestras referencias locales. 
Cuando amanece, uno observa extasiado desde la ventana, y mira, incrédulo, chorrocientas veces, el reloj, porque, no puede ser, son las seis y media de la mañana y el sol se ve como un queso en el horizonte purpúreo, y para nosotros, obvio, ese espectáculo de la naturaleza es, axiomáticamente, un cálido atardecer.
Los chilenos somos muy especiales, a todos nos lo han dicho. 
La larga y angosta faja de tierra nos hace así. Provenimos de un excepcional país que tiene sólo dos puntos cardinales (es impensable que un chileno vaya hacia el este o al oeste). 
Dicen que cuando miramos hacia un costado, vemos un muro, que es la cordillera, y si echamos un vistazo hacia el otro, observamos la inmensidad del mar que tranquilo nos baña, entonces, concluyen, eso nos hace sentir solos en este controvertido mundo, y que, ante esa sensación, nos da por mirar el suelo y nos aferramos a él, como la Scarlett O”Hara a Tara. 
Cuando un niño chileno dibuja en paisaje, lo primero que hace es una cordillera nevada con una bandera chilena flameando. Cada vez que la selección de fútbol de nuestro país juega un partido en un mundial, cantamos nuestro himno con la mano en el corazón y a gritos. Amamos nuestra tierra y eso nos hace extremadamente sensibles y enfermos de nacionalistas. 
Por eso es que:
  • nos largamos a llorar como plañideras cesantes, cada vez que escuchamos “Si vas para Chile”.
  • cada dieciocho de septiembre preparamos empanadas, adornamos la casa con banderines tricolor y escuchamos a todo chancho nuestros CD de música chilena, preparamos una ponchera con vino blanco y durazno en tarro y gritamos ¡viva Chile, mierda!, abrazados a otros compatriotas. 
  • no dejamos nunca de sintonizar en el cable, al menos, los noticieros, para saber qué pasa en nuestro país.
  • nos gastamos una enormidad de plata en teléfono, porque sentimos la necesidad vital de estar comunicados con los nuestros.
  • cada uno tiene, en algún muro de su casa, una bandera chilena, un reloj de un plato de cobre con incrustaciones de lapislázuli, con una escena de un rodeo y una repisa en la que hemos ubicado una iglesia de combarbalita, una carreta de madera de guayacán, un moai de onix, un indio pícaro y unas cuantas otras artesanías.
Una de las barreras, que no podemos soslayar, cuando llegamos a vivir a una nación en la cual no se habla nuestro idioma, es aprender la lengua local si o si. 
Es necesario sacarse la mugre estudiando y practicando para que, en el menor plazo posible, podamos expresarnos fluidamente y no dar una pésima impresión con un inglés u otro idioma tarzanesco.
Todos nos hemos visto en la dificultad de explicarles a nuestros interlocutores, que no sean latinoamericanos, en qué lugar del mapa se ubica nuestro país, porque no tienen idea. 
Dependiendo de los ambientes que uno frecuente, Chile es sinónimo de Pinochet, Don Francisco y el Festival de Viña. 
Algunas personas, vagamente recuerdan algún terremoto, inundación u otra tragedia. Los más cultos conocen referencias de Isla de Pascua, que tenemos buenos vinos y que el sur de nuestro país es lovely… lovely…lovely; lo que nos hace llegar a la conclusión, que su cosmovisión les viene a través de la TV, definitivamente.
Vivir en el extranjero posee sus bemoles; pero tienes la posibilidad de mimetizarte en otra cultura, asumir distintos modos de pensar, diferentes actitudes frente a la vida y conocer lugares nuevos para la retina. 
Al final, igual te haces de amigos, te integras a su cotidianeidad y, de algún modo u otro, te las arreglas para que conozcan tu cultura. 
Aparte de la nostalgia, las penas y los deseos de volver, ser migrante se te hace cada vez más llevadero y no estar en tu país, cada año te duele menos. 
Lo importante es que nunca dejas de amar la tierra donde naciste, porque la llevas en lo profundo de tu corazón.

-Where are you from? - I come from Chile…-Oh, Alexis Sánchez!

miércoles, 26 de noviembre de 2008

ESCANDALOSOS


A propósito de pokemones, pelolais, punk, skin head y toda esa fauna que circula por allí; luego de haber visto en la calle a un lolo con los pantalones en la punta del poto, con los calzoncillos al aire y caminando como si se hubiera cagado, me puse a pensar: ¿Qué habrán pensado de nosotros, los adultos, cuando éramos lolos?.
Cuando se llega a la adolescencia, se pasa a formar parte del grupo más vulnerable de la sociedad. 
De una u otra manera, ser joven implica muchas transformaciones internas y externas. 
Junto con las espinillas, aparecen los cambios de actitudes mentales, de pensamientos y posturas frente a los acontecimientos del mundo. 
Uno comienza a buscar una identidad, quiere pertenecer a un grupo de referencia y desea ser aceptado. 
Vienen las ganas de ser grande pronto, de tener mayoría de edad para poder hacer lo que a uno le dé la real gana, sin tener que darle explicaciones a nadie.
Como primer síntoma de este rebelde despertar, viene la onda de fumar, una actitud que posee más una pretensión de ser aceptado entre pares, que ganas de expulsar humo como volcán en erupción y, de paso, taponarse, irresponsablemente, los pulmones con una letal cuota de nicotina en cada pucho.
Las mujeres comienzan a utilizar delineador, rimel y lápiz labial; los hombres nos iniciamos en el fastidioso rito de afeitarnos, con los yuntas comenzamos a tomar cerveza como obreros polacos y a usar desodorante y loción after shave.
Desde siempre, a nivel externo, para connotar y denotar un cambio radical, se recurre al pelo. Dependiendo de las épocas en las que a uno le haya tocado vivir, la cabellera siempre se transforma: se deja crecer, se rapa, se pinta, se encrespa, se alisa, se le hacen rayitos, anyway…
Nosotros fuimos copiones del movimiento hippie, con la revolución de las flores, el amor libre y la onda peace and love; que alteró radicalmente nuestra forma de pensar y vestir. 
Era de gente ubicada y con acertada conciencia social, odiar la guerra de Vietnam y rechazar la intervención del ejército norteamericano en ese país. 
Comenzamos a saludarnos haciendo el signo de la paz, teníamos en la pieza un póster que decía “prohibido prohibir” y el de una manzana a la que le salía un coqueto gusano. 
Los collares, las pulseras y los lentes a lo Lennon eran absolutamente in y todos teníamos, en la tapa de un cuaderno, el retrato del Che Guevara.
La onda de los hombres era dejarse patillas a lo orangután irascible y la melena suelta que habían impuesto los Beatles, con lo que escandalizaron al mundo, porque, los machos, llevaban, desde hacía décadas, el pelo corto a lo milico y engominado. Los crespos se dejaban crecer la cabellera a lo afro, luciendo como Michael Jackson antes de su patética transformación.
Luego vino el plagio del look "Saturday nigth fever", peinado hacia atrás, también con gomina, la que ya se comenzaba a llamar gel. Lo más patético de esta moda, era imitar el prefabricado modo de caminar del personaje de la película, por lo tanto, teníamos a muchos Tony Manero transitando por nuestras calles, a patas abiertas, haciéndose el cancherito y bailando al ritmo de los Bee Gees.
Nuestros pantalones eran los pata de elefante, con pasadores gruesos y una correa de cuero con una descomunal hebilla artesanal. 
Las camisas eran a cuadros, rallas o flores, de colores llamativos y con el cuello puntiagudo. Surgieron los sweater con rombos y los chalecos cuello tortuga tejidos a máquina. 
Por supuesto que no podemos dejar de mencionar el gamulán, la chaqueta de cuero, los zapatos de gamuza con suela crepé y la boina tipo Fidel.
Las mujeres comenzaron a usar los gloriosos hot pants, con un abrigo midi de lana que les tapaba los zuecos, unos zapatos de madera que, al caminar, emitían el sonido de casco de caballo sobre el cemento. Por supuesto que, a las chatas, estos benditos zapatos les vinieron de maravilla, porque les adicionaba como diez centímetros a su microscópica estatura.(en la Villalón, había una fanática de esa moda, a la que le decíamos “la poroto hincado”). Los lentes para el sol, les cubrían el 68% del rostro y el pelo lo llevaban liso, liso, liso…al que, algunas veces, le adicionaban un coqueto cintillo multicolor.
Luego vino la onda de los pantalones amasados, todo unisex, las poleras multicolores con monos en el pecho y algunos creativos mensajes: “Haz el amor y no la guerra”, “La virginidad produce cáncer”, “Soy lesbiano declarado”.
Los jóvenes, de la generación que sean, siempre han tenido la particularidad de ser los grandes escandalosos de la sociedad. 
Por experiencia, sabemos que las modas van y vienen. Nosotros desconcertamos y dejamos con la boca abierta a más de alguien, porque, en nuestro tiempo, también fuimos transgresores de lo establecido.
Cuando, hoy en día, veo a mis sobrinos vestidos como el Tony Cucharita, con el pelo pintado de azul y con un tatuaje en el poto; sencillamente me río y les digo…¿sabis qué? Yo no era tan escandaloso cuando tenía tu edad. 
Y los abrazo, los beso y me recuerdo de mis regalones blue jeans desteñidos y con parches, mi polera con manchas y mis mocasines argentinos con calcetines blancos, pinta con la que mataba, en los bailes de la Medialuna, al ritmo de los Clavos Torcidos.

jueves, 9 de octubre de 2008

ALMACEN



Comprar en un Almacén en los 60’s, en Ovalle era, definitivamente, otra cosa. 
Estaban los característicos grandes almacenes, que surtían a los ovallinos y a los habitantes de todos los pueblos rurales. 
Entre los más conocidos: La Campana, Martinac, Pavic, Yurín, La Espiga de Oro y otros, en donde se podía encontrar “de un cuanto hay”: abarrotes, vinos y licores, menaje y de todo lo que se necesita en un hogar. 
Un espectáculo cotidiano, en las calles del centro, era la llegada de los camiones de Santiago con cargas de harina, azúcar, té, hierba, bolsas de cemento y hasta calaminas. Allí estaban esos cargadores que se ubicaban en la Alameda con un saco blanco al hombro, el que, cuando descargaban un camión, se lo ponían en la cabeza, lo que les daba aspecto de devotos franciscanos blanquecinos, desfilando como hormigas, de prisa, entre el camión y la bodega..
Algunas familias, hacían el pedido del mes en uno de estos almacenes, por lo tanto, a su casa llegaban como tres cajas de fideos carozzi, en la que venía de todo, también una bolsa de azúcar a cuadros, un quintal de harina para hacer el pan y, de vez en cuando, algunas sopaipillas, y una damajuana de cinco litros de aceite. 
Una de las costumbres habituales de esta compra mensual era la famosa “yapa”, que consistía un puñado de pastillas con rallas, que eran de anís, y unas galletas gruesas con sabor a cartón, algunas veces venía mejor, con unos cuantos paquetes de galletas tritón.
El olor de esos locales era bastante particular, porque allí se mezclaban los aromas a hierba mate, detergentes, jabón gringo, comino, pimienta, carburo y otros olores no identificables, pero para mí, era “olor a negocio”.
Los otros eran los característicos negocios de la esquina,(algunos aún sobreviven) en donde éramos atendidos por el mismo dueño o dueña, quien, desde el mostrador, luego del familiar saludo, expresaba el amable: ¿Qué se le ofrece?...y bueno, allí estábamos con la botella del aceite en la mano y con una bolsa para llevar lo demás. 
Como casi todo venía a granel y los productos estaban ensacados o embolsados, se tomaba una puruña y se llevaba todo a la romana, que daba el peso (nunca tan exacto, porque a las pesas siempre se les sacaba unos cuantos gramos de metal en la parte posterior) se colocaba el producto en un papel de seda color marrón y se comenzaba a envolver con un repujado, como quien cerraba una empanada, se le daba unas vueltas… y ya está: ¿qué más desea?... Sobre el mismo mostrador, podíamos observar un frasco guatón con aceitunas, otro con cebollas en escabeche, alguno con galletas y otros con pastillas, por supuesto que, reducido proporcionalmente, el mismo “olor a negocio”.
El Almacén de la esquina no era sólo un lugar para ir a comprar un cuarto de mortadela, unas paltas maduras o media docena de huevos para tomar onces, sino que era un sitio para socializar, un lugar de encuentro. 
Allí se conocía la intimidad del barrio, los chismes más frescos, los escándalos más bizarros y el último capítulo de la radionovela; por eso es que, se dice, los mejores cahuines, comienzan, pasan y terminan en el almacén de la vieja de la esquina.
Muchos productos de esos tiempos han desaparecido. Algunos amigos me echan tallas cuando menciono la Perlina, que era un detergente (porque dicen que ellos nacieron con el Rinso y que son de Los Beatles p’adelante…saaaaaa), el azul para la ropa, la cocoa Raff, el té “Repítame” y el agua de cuba (hipoclorito de sodio), que se compraba a granel.
Cada vez que visito Ovalle, voy a la calle Socos, casi al llegar a Coquimbo, al negocio de Don Felix, en donde encuentro queso de cabra del bueno y aceite de oliva, allí disfruto de ese aroma a negocio que me transporta, porque la señora me permite pasar a la bodega, en donde elijo el queso que me tinca por la apariencia y, por supuesto, el efluvio. 
También visito el negocio de mi amigo Tuco Halat en Vicuña Mackenna, donde puedo encontrar una brocha, esmalte, lija, un puñado de tachuelas y de todo lo que necesito para dejar decente una puerta o pintar los muebles del patio.
El Almacén tenía sabor a familia, allí no eras un desconocido, te saludaban por tu nombre, se preguntaba por la parentela, si estaban todos alentaditos, si habían dado de alta al enfermo operado de apendicitis, si lo habían pasado lindo en Guanaqueros, porque, se ven tan bronceados, oiga, si “estos niñitos parecen Zulú”. Allí se sabía quién había pasado a mejor vida, dónde lo estaban velando y a qué hora iba a ser el funeral.
Cuando voy de vacaciones a Ovalle, no sé dónde comprar un par de alpargatas, unos corchos para tapar botellas de pisco, en las cuales he envasado el vino tinto y unas cuerdas para la guitarra.
Extraño los Almacenes de antes.

lunes, 4 de agosto de 2008

NUESTROS JUGUETES



Cada uno recuerda siempre algún juguete de su infancia. Para las niñas, el primer lugar lo ocupan las muñecas, esas que abrían y cerraban los ojos, con unas pestañazas duras, luego vienen las tacitas, la cocina, la lavadora, las pulseras, el maletín de cosméticos y un oso de peluche. Para nosotros: la pelota de fútbol, una pistola, las bolitas de vidrio, una ametralladora, el caballo de madera, el camión tolva, los soldaditos de plomo, el mono-patín, la bicicleta, la ambulancia a fricción, el tren eléctrico, el mekano, los palitroques, el trompo y un casco de bombero. Creo que nadie olvida los tiqui-taca, el emboque, el tablero chino, las damas, el dominó y tantos otros que sería largo enumerar.
Me quiero referir a los juguetes que no se compraban en una tienda ni los traía el viejo pascuero. Estos los fabricábamos nosotros mismos y tuvieron una gran significación:

RUN-RUN: Se fabricaba con un “chiche” (una tapa de bebida), los más sofisticados los hacían con una moneda; que se colocaba en la línea del tren para que éste la aplastara, dejándola lista para hacerle dos orificios en el centro, pasarle una pita, torcerla y abrir y cerrar para darle movimiento.

ULA-ULA: Con un pedazo de manguera de plástico, se le colocaba un tarugo de madera, para unir los extremos, y quedaba un círculo perfecto, que se colocaba en la cintura, la que al mover las caderas en círculo, ésta se mantenía pegada al cuerpo. Algunos expertos la hacían girar hasta en las pantorrillas.

HONDA: Se buscaba un arbusto que, entre sus ramas delgadas, tuviera una forma de Y. En los brazos se colocaban dos tiras de goma elástica de cámara de neumático. En el extremo, un trozo de cuero contenía el proyectil, por lo general, una piedra, y servía para dispararle a los tiuques, quebrar vidrios, botar latas vacías y romperle la cabeza al tonto Morales.

TARRO CON CARBURO: A un tarro de Nescafé chico, se le hacía un orificio en la parte de abajo, se le insertaba un pedazo de carburo, con un poco de saliva, éste comenzaba a producir gas, se tapaba, se le colocaba un fósforo encendido en el orificio y hacía explosión lanzando la tapa lejos con un ruido de balazo, dejando un olor irrespirable a peo podrido.

CARRO LOCO: Con unas cuantas tablas de cajón de durazno, se armaba una plataforma. Se colocaban cuatro rodamientos usados. El eje delantero era móvil, se ponía una cuerda en los extremos y nos lanzábamos guarda abajo en una calle inclinada, a veces de a tres matones juntos. En la adrenalítica bajada gritábamos como berracos y en la delirante llegada al final de la calle, nos sacábamos la cresta, terminando todos repartidos por el suelo; pero, agarrábamos el carrito de nuevo, subíamos la cuesta y nos sacábamos la cresta nuevamente.

ZANCOS DE TARROS DE DURAZNO: Se les hacían orificios en la base, se les colocaba una pita, que llegaba a la altura de las rodillas y servía para mantenerlos fijos en los pies y se caminaba perfectamente arriba de ellos, hasta se podía correr y sacarse la cresta también.

RUEDA CON GARFIO: Con un círculo metálico obtenido de alguna llanta, una rueda de bicicleta vieja, sin los rayos; se fabricaba un garfio con un alambre grueso, se le hacía una manilla y en el extremo tenía una forma redondeada que abrazaba la rueda. Se empujaba y hasta podíamos correr guiando con el alambre nuestro esquelético juguete.

Creo que todos hemos flotado en el río Limarí con una cámara de neumático inflada, balanceado en un columpio suspendido del tronco de un árbol, hemos saltado en patota con un cordel y fabricamos nuestros propios títeres. También jugamos al luche, a las visitas, a la mamá y el papá y unos cuantos otros entretenimientos (Leer JUEGOS DE NIÑOS).
Es cierto que nos rasmillamos más de una vez los codos y las rodillas, que nos ganamos un “chichón”, perdimos un diente, nos salió sangre de la nariz y nos rompimos la cabeza y más de un hueso; pero haciendo una evaluación, fuimos niños sanos y fuertes, ganando mucho psicológica, física y socialmente.
Nuestras cicatrices son tesoros de la creatividad.

sábado, 19 de julio de 2008

TEMBLOR


Para la mayoría de los mortales, los temblores son una experiencia traumática. 
Los seres humanos seremos siempre débiles criaturas frente a estos fenómenos naturales y nunca estaremos preparados para enfrentarlos… porque vienen de repente. Con lo temblores no se puede hacer nada. Son los emisarios que nos vienen a decir que somos pequeños, que nada es estable ni para siempre.
El miedo que se experimenta con el movimiento y el ruido es absolutamente legítimo, porque, fundamentalmente, ponen en peligro nuestra seguridad, y lo que es peor, en algunos casos, nuestra vida.
Los ovallinos tenemos todos, desde pequeños, experiencias de temblores y terremotos, porque nuestra zona, dicen los expertos, está ubicada sobre una franja sísmica que se mueve constantemente. 

Varios de estos fenómenos nos han dejado platos rotos, tapias desmoronadas, casas y pircas por el suelo, el rostro pálido, las rodillas temblando y arritmias cardiacas.
Vivir terremoteados nos ha dejado como “curados de espanto” frente a cualquier movimiento telúrico, por lo tanto, cuando comienza a temblar, no les damos tanta importancia, total, ya estamos habituados. Ya va a pasar, ya va a pasar...es lo que les decimos a quienes nos rodean.
Cada persona tiene una manera diferente de reaccionar frente al movimiento: están los que se ponen pálidos, otros rojos, algunos gritan, otros entran en pánico y arrancan. 

Están los “sosegados”, esos a los que no les da ni chus ni mus, que cortan el gas, desenchufan aparatos electrónicos y calman al resto. Están los que lloran, se arrepienten de todos sus pecados y comienzan a rezar una letanía en la que invocan hasta a San Guchito, al Quetedije y al Quetejedi
Los más divertidos son los histéricos, esos que se ponen a gritar escandalosamente y la única manera de calmarlos es a cachuchazo limpio, para que no asusten al resto y se genere una psicosis colectiva. Por supuesto que, a todos, nunca nos falta la invocación a la “Mamita linda”, a la que recurrimos hasta siendo adultos, estemos en donde estemos.
Existen muchas teorías sobre los lugares seguros en donde refugiarse: la más difundida es la del umbral de la puerta, las otras son: bajo la mesa, bajo el catre, salir al patio, a la calle, ponerse cerca de un árbol, en fin, hay para todos los gustos.
Los comentarios post-temblor son lo mismo que en los velorios, en donde, luego de la pena por el finao, pasando la media noche, más o menos, se da inicio a la cuestioncita de los chistes de alto calibre, las bromas de mal gusto y los relatos de anécdotas jocosas.
Luego que el temblor ya pasó, comienza la lista de comentarios, en los que siempre se dice casi lo mismo: 

-“Qué fuerte estuvo el temblor, oye, por Dios”, 
-“Yo, cuando escuché ladrar al perro, fue cuando me di cuenta del ruido y que venía el movimiento”, -“Oye, si la pared se hacía así, te lo juro, niña por Dios”; 
-“En la casa estaba la sonajera con las cosas que se cayeron”, 
-“A mí se me quebró toda la loza, niña”, 
-“Mi marido arrancó pilucho p’al patio y yo detrás de él con los calzoncillos..¡No te puedo creer, niña!... ¡Te juro!...
Por supuesto, todos muertos de la risa por las reacciones de la gente de la familia.
Obvio que después viene el colapso de los teléfonos, porque todos quieren llamar a los que están lejos para saber cómo les había ido:  

-¿Están todos bien, oye?... 
-Bueno, nosotros aparte del susto y uno que otro vaso quebrado, estamos bien, ningún problema…esperemos que no vengan tantas réplicas, pos oye. 
Los temblores tienen también su lado tierno, ya que te abrazas a la primera persona que tienes cerca y de un de repente se te van los enojos y las diferencias. 
Las reacciones frente a una tragedia sacan de nosotros lo mejor que tenemos, es allí cuando nos damos cuenta del amor que sentimos por los que nos rodean, porque todos nos queremos proteger mutuamente.
Creo que todos tenemos anécdotas terribles de los temblores, que, luego se tornan divertidas cuando viene la calma y regresamos a la cama para tratar de completar el sueño que vino a interrumpirnos la naturaleza.
Cuando venga el próximo temblor: que Dios nos pille confesados y vestidos. Así sea.

lunes, 18 de febrero de 2008

PARROQUIA SAN VICENTE FERRER


La Capilla de San Vicente Ferrer existe desde el año 1688, mucho antes que se fundara la ciudad de Ovalle. Dependía de la Parroquia de Barraza y estaba situada en la Hacienda de Don Diego de Rojas. Está ubicada en la calle Libertad 260, frente a la plaza.  
  • 1824: bajo el gobierno de Monseñor José Santiago Zorrilla, Obispo de Santiago, se funda la Parroquia del Curato de Limarí (Tuquí bajo). 
  • 1831: se funda la ciudad de Ovalle y en ello tiene su influjo la antigua Capilla. 
  • 1847: 8 de octubre, un gran terremoto sacude la ciudad, convirtiendo en escombros la antigua capilla, quedando en pie sólo la puerta mayor. El 4 de noviembre, los vecinos reunidos con el Gobernador, deciden construir un nuevo Templo. 
  • 1849: 4 de noviembre, es colocada la primera piedra, que es bendecida por Monseñor José de la Sierra, primer obispo de La Serena. 
  • 1870: se finaliza la obra, habilitando la sacristía, el altar mayor, el púlpito, el coro y el campanario.
  • 1873: es inaugurada y bendecida. La torre de madera, de dos cuerpos y un cono, mide 48 Mts de altura. Su reloj es obsequio de don Rafael Errázuriz Urmeneta, en funcionamiento desde el año 1888, y que es exhibido en París, Francia, el año 1855. El Altar es de madera de pino imitación mármol de estilo barroco americano. En él se encuentran las imágenes religiosas de san Vicente Ferrer, Patrono de la Parroquia, la Virgen del Carmen, Patrona de Chile y, en la parte alta, al centro, dos ángeles escoltando a Cristo crucificado. Las campanas son fundidas en Valparaíso en 1877. 
  • 1997: 14 de octubre, el templo sufre, nuevamente, un deterioro producto de un movimiento telúrico que azota la región. Es restaurado completamente con aportes de la Fundación Enna Craig de Luksic y entregado a los Ovallinos, el 12 de mayo de 2002.

viernes, 15 de febrero de 2008

EMBALSE COGOTÍ

Fue construido en la confluencia de los ríos Pama y Cogotí en el año 1939, el muro fue construido de rocas con una pared de concreto. Cubre una superficie de 850 hectáreas y tiene una capacidad de 150 millones de metros cúbicos. Se usa principalmente para riego y abastece de agua a una gran cantidad de cultivos al sur del Valle Limarí.

EMBALSE RECOLETA

Ubicado a 18 km al noroeste de la ciudad de Ovalle.
Su construcción comienza en el año 1929 y finaliza en el año 1934, aunque el canal de distribución se termina sólo en el año 1947. 
Es el cuarto de mayor capacidad en la región detrás de La Paloma, Puclaro y Cogotí.
Es de vital importancia agrícola para sectores como Talhuén, Cerrillos de Tamaya o Quebrada Seca. De él derivan 350 km de canales que permiten el riego a 700 asociados.
Estando a su máxima capacidad alcanza los 97 millones de m3 y su espejo de agua cubre una superficie de 550 hs. 
Posee dos fuentes de abastecimiento: La Quebrada de Higuerillas y el Rio Hurtado. Su largo hacia la primera es de 5,2 km y hacia el segundo es de 3,3 km, sobre los terrenos donde, antiguamente, estuvo emplazado el pueblo de La Recoleta, por el que lleva su nombre.
Es construido con tierra expresamente seleccionada en su parte central y cubierta de piedras, tierra y un sólido enrocado. 
La base del muro posee 246 m, una altura de 60 y 10 m de ancho en su coronamiento por donde pasa la Ruta D–595. De lado a lado, tiene una longitud de 825 m.
El macizo o terraplén alcanza a 1.450.000 m3.
El vertedero es producido por el rebalse natural cuando el Embalse llega a su máxima capacidad, conduciendo el agua hasta el cauce del Rio Hurtado aguas abajo.

EMBALSE LA PALOMA


Ubicado en la comuna de Monte Patria, Región de Coquimbo, 21 km al sureste de Ovalle. 
Está emplazado en la confluencia de los Ríos Grande y Huatulame. Cota máxima de agua 411,4 msnm.
Tiene una capacidad de 750 millones de m3 y una superficie de 3.000 hectáreas.
El muro es construido, principalmente, de grava y cubierto de una pared de concreto de 910 m de largo por 80 m de alto.
En su categoría, es el segundo Embalse más grande de Sudamérica, por ende, su tamaño lo convierte en el cuerpo de agua más grande de Chile. 
Es construido por un consorcio norteamericano. La maquinaria pesada es desembarcada por sus propios medios desde barcazas en la playa de Tongoy.
Se comienza a construir en el año 1959, es terminado en 1965, puesto al servicio en 1969 y se llena en 1974.
En sus aguas se practica Windsurf y pesca deportiva de pejerreyes.
Al término de las obras, ante la imposibilidad administrativa de dejar la maquinaria en Chile, y no siendo rentable llevarlas de regreso; optan por hundirlas en el mar. 

miércoles, 6 de febrero de 2008

QUEMA DE JUDAS

Fiesta popular que se realiza en Semana Santa, específicamente el domingo de Resurrección, recordando al apóstol Judas Iscariote, quien traicionó a Jesús por unas monedas. 
En nuestra zona, se ha conservado en el pintoresco pueblo de Carén; aunque también es propia de Iquique, Valparaíso, Quillota, Alto Jahuel y Alhué. 
En otros países como México, Paraguay, Venezuela y Perú, la realizan desde mediados del siglo pasado, con similares características.
La quema de Judas no tiene raíz dogmática; sólo se sustenta en palabras del Evangelio de Marcos, quien relata que, luego de entregar a Jesús, se arrepiente y pide hablar con los sacerdotes para devolverles las 30 monedas de plata obtenidas por su traición. Tras serle rechazada su petición, arroja violentamente el dinero frente al templo y corre a poner fin a sus atribulados días colgándose de un árbol.
Para recordar este hecho, se prepara un muñeco del tamaño de un hombre, relleno de material combustible, algunos cuetes y monedas. Se cuelga del cuello y es quemada en una ceremonia frente a la comunidad. 
Especial participación tienen los niños, quienes asisten atraídos por las monedas que puedan recoger.
Antes de proceder a quemar a Judas, se lee un dictamen, discurso, generalmente hecho por el fabricante del famoso muñeco judaico, en el que se describen, una a una, las faltas que hayan cometido los parroquianos en el curso del año, de las cuales se culpa al pobre Judas y se lo sentencia a morir incinerado.
La enumeración de los pecados, es algo más o menos así:

- Judas, chismoso, por haber armado cahuines contra la honra de la Rosita y nunca se te ha visto por el confesionario para siquiera impresionar con tu arrepentimiento.
- Beodo, por haber llegado borracho a la casa y haberte gastado toda la plata del suple en la cantina, donde estuviste tres días tomando; vergüenza debería darte…!
- Ladrón, te quedaste con la plata de la tesorería del club deportivo, viajaste al norte solo para ir donde las niñas malas.
- Patán, le fuiste infiel a tu mujer con la Civila.
- Mal hombre, no reconociste a ese hijo que era tuyo.
- Maldito, le hiciste un “tabacazo” a tu compadre y casi lo mataste.
- Aprovechador, te quedaste con la barreta que te había prestado el finao Julio.
- Por haberte hecho el leso y no ir a ayudar en la trilla de Ño’Benja.
- Egoísta, no le prestaste el caballo al Ladislao.
- Sicario: ¿Por qué le mataste el gallo de la pasión de Ña’Rosario?
- Manilargo, por haberle robado las tunas a Ño’Pedro.
- Por querer dártelas de buen profesor y haber usado tu cargo para enamorar a la tía de tu alumno.
- Asesino, vos fuiste quien envenenó al perro de Ño’Wenceslao.
- Abusivo, desviaste el agua para tu hijuela, dejando a todos con las melgas secas. Eso no se hace, puh gancho…!
- Por todas tus fechorías, debes morir quemado, porque eso es lo que merecen los tarambanas como vos. La sentencia está dictada. Muere. Maldito Judas.

Lo más hilarante, es que todas las personas del pueblo conocen los pecados y los pecadores, porque son “vox populi”; por lo tanto, al escucharlas, las carcajadas son generales y los aplausos cerrados. 
Al comenzar quemarse el muñeco y el fuego llegar al estómago, donde se han colocado las monedas y los petardos, éstos hacen explosión, lanzando las chauchas lejos, con los gritos de los presentes y los niños corriendo por agarrar una caliente y tiznada moneda. 
Luego, todos para la casa, pasados a humo y con el comentario de los pecados que se había llevado Judas.
Una tradición que tiene mucho de sabiduría rural.

RADIOTEATROS


Mucho antes que nos convirtiéramos en patéticos tele maníacos; nuestra entretención por las noches, era pegarnos como murciélagos a un viejo aparato de radio con tubos, generalmente de madera prolijamente barnizada, con unos tremendos botones sintonizadores blancos, para escuchar los radioteatros.
“Residencial la Pichanga”, con las divertidas intrigas del ambiente futbolístico; “Hogar dulce hogar”, con la magazinesca vida de la pensión de don Cele, y “Radiotanda”, con la genial Desideria, eran, al menos, los programas que nos permitían escuchar, porque, de “Los ofensores”, “El doctor Mortis” y “Lo que cuenta el viento”, ni hablar, ya que, luego de escucharlos, era seguro que nos hacíamos pipí en la cama o teníamos pesadillas; por lo tanto… no insista, mijito… se me va a acostar no más, el perla, mírenló…
Sin ninguna duda era una manera muy efectiva para desarrollar la imaginación, porque, cuando nos permitían escuchar los programas de ultratumba, temblábabamos con la voz pastosa del relator, la música de suspenso, el ruido de oxidadas bisagras que chirriaban cuando se abría un ataúd, el aullido de lobos hambrientos, un galope solitario y el silbido del viento en medio de la noche, todo rematado por la carcajada espeluznante del satánico protagonista, por supuesto que nos cagábamos de miedo. Nuestros padres tenían razón, luego no podíamos dormir, porque nos imaginábamos que en la cama nos estarían esperando los monstruos y esperpentos que salían de la radio.
Para llenar las tardes, estaban las radionovelas, (una de las clásicas fue “Simplemente María”), que provocaban lagrimones y siempre eran el comentario en el negocio de la esquina. No había persona en el barrio que no estuviera enterada de lo que estaba sucediendo, día a día, con la bendita novela., cuyos libretos no variaban, porque, entre los personajes siempre había: una atribulada madre soltera que sufría lo indecible con patrones explotadores, que había sido vilmente engañada por un patán, tampoco faltaba un hijo perdido, una bataclana incorregible, una ciega o inválida, que chantajeaba emocionalmente a todos los personajes aprovechándose de su condición y también la “mala”, odiada por todos y que siempre terminaba mal. 
Los ricos siempre se peleaban por la fortuna de la familia, deseando, ansiosos, la muerte de la matriarca, para saber pronto quienes serían los herederos. 
Los pobres vivían en hospitales sufriendo enfermedades incurables y otros en la cárcel pagando culpas de otros, tardando todos los capítulos en demostrar su inocencia. Jueces y Policías corruptos, monjas metiches, domésticas abnegadas, patrones vividores y romances no aceptados fueron siempre parte de estos melodramas mezclados con el refrescante ingrediente del humor; algo que no ha cambiado mucho en las telenovelas actuales, cuyos libretos continúan en un mundo bipolar, con personajes buenos y malos, ricos y pobres, y con desenlaces predecibles: los malos pierden, los buenos ganan y triunfa el amor.
“Llega radiotanda, si Señor, llega la audición, el buen humor, todo el que la escucha, si Señor, ríe a carcajadas, oh, oh, oh …”…algo más o menos así, era el gingle con que se iniciaban las transmisiones diarias del popular programa que tenía como protagonista a la Desideria, la recordada actriz Anita González, una comediante como ninguna, con la genialidad de salirse, muchas veces, del libreto de manera natural, adecuada e hilarante, con la talla justa, en el momento preciso. Eran chistes frescos, de humor blanco que encantaba a todos.
La radio nos sumía en la intimidad casera, en un mundo puertas adentro, nos hacía interactuar como familia, tal como cuando rodeábamos un bracero en los tiempos de invierno, buscando calor mirándonos las caras, oliendo el aroma a eucalipto y, de vez en cuando, a azúcar quemada, que mi abuela le tiraba a las brasas, para espantar los malos espíritus, decía.
Es oportuno recordar, homenajear y agradecer a tantos actores que nos hicieron reír, llorar, asustarnos y darnos temas de conversación por muchos años: Anita González, Sergio Silva, Eduardo de Calixto, Jorge Romero “Firulete”, Arturo Moya Grau y tantos otros, que con geniales interpretaciones de personajes que dejaron grabados en nuestra memoria: La Desideria, Don Celedonio, El Pollito, El Tereso(zaz), el Gabito Serena, el Indio Malo, la Pelá, La Ronca, el Chaguito Morning y cada uno se recordará de los otros para completar su propia lista.


Eran otros tiempos.

sábado, 3 de noviembre de 2007

CUMPLEAÑOS


El asunto comenzaba con la llegada de una diminuta tarjeta impresa con letras doradas: TE INVITO A MI FIESTA…
Eso gatillaba una serie de impaciencias, expectativas y problemas de proporciones, mis hermanas decían ¿qué me voy a poner? (porque las mujeres, desde chicas, nunca tuvieron, tienen ni tendrán ropa para ponerse cada vez que deben asistir una reunión social), para nosotros la preocupación era el regalo…¿qué le compro? y...¿de dónde saco la plata?...Bueno, el día esperado había que ir bien peinado, si no había gomina, el limón solucionaba el dilema y las mechas tiesas se aplastaban por un rato. 
Los pantalones cortos impecables, la humita bien acomodada, los zapatos bien lustrados, el regalo (un tablero chino) en la mano y ya estábamos listos.
- ¡Qué rico que vinieron! ¡Pasen, adelante, niños!...ay, que linda se ve tu hermanita con su vestido de organza...¿y tú? cada día más buen mozo, mijito. Jorgito, llegaron más de sus amigos… Bueno, ahí aparecía el malcriado festejado con la típica pregunta.-¿Me trajiste regalo?...El susodicho rompía, en dos segundos, ahí mismo, el papel de regalo, para averiguar qué le llevabas.
Había globos multicolores y serpentinas en el techo, música infantil de Las Ardillitas, que se tocaba desde un tocadiscos portátil. 
La mesa estaba preparada con queque, canapés de paté con una media aceituna y un pedazo de zanahoria de adorno, bebidas individuales de coca-cola, fanta y agua socos, galletas de animalitos y caramelos de todo tipo. 
Te chantaban en la cabeza un gorro de cartulina que olía a engrudo, con un elástico delgado que te apretaba las orejas, una corneta de cartón que emitía un sonido espantoso, con la que dejábamos a la mamá del homenajeado con ataque de histeria y comenzaba el asuntito. 
Todos sentaditos, algunos arrodillados en la silla y te servían un chocolate, más caliente que la cresta, que te quemaba la lengua (algunos se lo tomaban en el platillo). 
Los adultos de la casa se afanaban en destapar las botellas de vidrio corrugado y que comiéramos galletas y brazo de reina.
Nos llenábamos la guata a destajo y agarrábamos las pastillas para meterlas en el bolsillo...así había para más tarde. 
Luego del banquete y de haber engullido casi todo el plato que teníamos al frente, venía la cilíndrica torta blanca con adornos de hojas verdes, las velitas encendidas, y el canto huevón del cumpleaños feliz, que el festejado soplaba con aplausos. 
A esa altura del partido, ya teníamos todos la lengua teñida de naranja por las pastillas de goma, con bigotes de chocolate y la nariz pintada con betún blanco. 
Con tanta bebida, todos queríamos ir al baño y había que turnarse porque las niñitas se demoran más que los niñitos, por lo tanto, la cola llegaba hasta el patio.
Ya niños…viene el concurso de cantos, recitar poesías, baile y chistes. Y bueno, comenzaba el guatón Navea cantando el “…caballito blanco llévame de aquí…”, la única hueá que se sabía…seguía la Moniquita Cecilia, bailando el sau sau, otros contaban chistes fomes, uno que otro fono mímico de algún cantante de moda, adivinanzas y unas cuantas otras demostraciones artísticas. 
Los premios eran: un paquete de galletas obleas o tritón, un trompo de plástico con perforaciones que al girar silbaba, bolitas de vidrio, una corneta de plástico, un xilófono desafinado y para las niñas una muñeca gorda de brazos abiertos y la mirada bizca, un juego de tacitas y brazaletes de plástico. 
Luego seguía el asuntito de romper con un palo de escoba la bendita piñata que pendía, ahorcada, de un alambre, en el que se tendía la ropa, en el patio. 
Con los ojos vendados, el cumpleañero le pegaba hasta a su Papá y no le achuntaba nunca. 
Todos gritando: “al frente, p’allá, p’acá”…, en fin, en un momento le daba el guaracazo y al Pato Donald le salían por el culo las pastillas, los chupetes, algunas chucherías de plástico y chaya. Quedaba la tendalá, porque todos estábamos en el suelo recogiendo lo que fuera y quitándole a los que habían agarrado algo.
Luego venía la foto oficial, para lo que salíamos a la calle, acomodándonos para “mirar el pajarito”. Se terminaba bailando el “cachito, cachito, cachito mío”, el “patatí-patatá”, el twist “bienvenido, bienvenido amor”, la cumbia “si el zapato derecho se pudiera poner en la pata izquierda” y la más famosa: “cuatrocientos ochenta y ocho kilómetros de ida, cuatrocientos ochenta y ocho kilómetros de vuelta…” y… llegaba la hora del…: “ calabaza, calabaza..”.
Que los cumplas feliz.

lunes, 1 de octubre de 2007

MADRES CHANTAJISTAS EMOCIONALES


Feliz día de la madre, mami. Gracias cariño. Ahora ve y lávate esas manos sucias y péinate Y apaga las luces ¿Crees que soy dueña de la compañía eléctrica?

Si hay algo que caracteriza, indefectiblemente, a nuestras madres, es su condición número uno de chantajistas emocionales con fines de lucro; perversa característica, que ejercen en cuanta cosa se les ocurre para que, los hijitos, hagamos la voluntad de ellas. Sus frases típicas, entre muchas, son las siguientes:

- Qué va a decir la gente – la de mayor rating-
- Ya vas a ver cuando se lo diga a tu Padre.
- ¿Cómo que postulaste a Puntas Arenas?, me vas a matar de un ataque cardíaco.
- Como siempre, yo soy la última en enterarme de todo en esta casa.
- Si eliges esa carrera, vas a ser un muerto de hambre.
- ¡Yo, que te di la vida, (cuatro horas de parto, mijito) que me he sacrificado por ti, que te he educado en los mejores colegios, que te di siempre lo mejor, mal agradecido, vives haciéndome sufrir, pololeando con esa negra mugrienta!.
- ¿Para qué te vas a ir a vivir a otra parte, si en esta casa hay tanto espacio, mijito por Dios?
- Cría cuervos, para que te coman los ojos.
- Yo no sé para que tanto trabajo en preparar un almuerzo, para que se coman todo en cinco minutos, ustedes no comen, tragan.
- Mijito, me va a dejar una foto suya enmarcada, porque a usted yo no lo veo nunca en esta casa; así me recordaré que tengo hijo, poh.
- Nunca pensé que mi hija, mi propia hija, me iba a hacer algo tan horripilante como casarse con un don nadie.
- ¿No saben lo caro que está el gas? Ustedes no se bañan, se riegan.
- Un día de éstos me voy a ir, a ver qué hacen.
- En esta casa yo sólo soy la empleada doméstica.
- Claro, cuando yo esté vieja, voy a terminar en un asilo.

El mejor chantaje emocional conocido, para el cual son estupendas actrices, lo utilizan cuando les comunicamos una noticia que no les conviene o no les agrada, como: enamorarse de una mujer con hijos o de un hombre separado, irse de la casa, decidir hacerse punk, estudiar teatro en Concepción, salir un verano a mochilear con los amigos, comprarse una moto, etc.…Bueno, ellas, en ese momento, sencillamente se desmayan, pero lo hacen: o justo frente al sofá del living o si se lo decimos en la cocina, se van al dormitorio, para caer justo encima de la cama; bueno, lo malo es que no nos damos cuenta que tienen un ojo abierto y la oreja bien atenta, para escuchar el: “Pucha’mamá, no te preocupes, no lo voy a hacer como pensaba, ya, cálmate, me quedaré contigo y haré como tu digas…” Bueno, ahí, hay que darles un vaso de agua y, como por milagro, se olvidan del desvanecimiento y se ponen a preparar sopaipillas para disfrutar de unas ricas onces. Del proyecto que teníamos…ni hablar, y que no se mencione nunca más en esta casa.
Al final, uno no sabe si debe seguir los impulsos de su propio corazón, cumplir sus anhelos, tomar sus propias decisiones o hacer realidad los sueños que los padres se han fabricado de nosotros una vez que llegamos a este mundo. La idea es que con esas frases, uno arroje por tierra todo lo que está pensando y se quede en donde mismo está.
Todos esos chantajes emocionales se utilizan, definitivamente, por amor, muchas veces disfrazado de egoísmo, pero amor al fin y al cabo.
La mayoría de las veces, les encontramos razón y comenzamos nosotros a decir las siguientes frases:
- ¿Por qué no le hice caso a mi madre?
- Si, mi Mamá tenía toda la razón.
- ¿Por qué no tendré a mi madre conmigo?
Madres… ¿Qué habríamos hecho sin ellas? ¿Dónde estaríamos ahora?, ¿Seríamos otros? Pero si tenemos una respuesta absolutamente concluyente: Nadie nos amará como ellas.

martes, 17 de julio de 2007

TURISTA


Todo el año nos bombardean con imperdibles y tentadoras ofertas de vacaciones a bajo precio: viaje ahora pague después, endéudese no más…prometiéndonos fantásticos, placenteros e inolvidables días: Semana santa de miedo en algún lugar relacionado con un beato penitente, carnavales con garotas siliconadas, ríos con pirañas, costas con marea roja y amenazas de tsunamis, islas con tiburones, playas con todos los días nublados, pirámides con olor a guano, ríos urbanos pestilentes a barro podrido, catedrales oscuras y museos llenos de polvo.
Si hemos caído en estas irresistibles ofertas, víctimas de la creatividad publicitaria, luego de haber ahorrado todo un año, chaucha a chaucha, pedir un préstamo en una financiera con una tasa ladronamente conveniente y chequear cuánta plata tenemos en la tarjeta, comenzamos la aventura de convertirnos, por unos días, en turistas de algún lugar del universo.
El día planificado para partir, hay que encomendarse hasta a san Guchito, para que el aeropuerto no esté cubierto por una espesa neblina y nuestro vuelo pueda salir, luego, cerciorarse que el asiento no lo hayan sobre-vendido y que la teñida aeromoza no te venga a proponer cambiarte de la fila seis a la veintinueve, porque hay una niña llorando desconsoladamente porque no viene sentada con su mamá. Y ojala tengas espacio en los maleteros, porque cuando abres uno, parece un paquete de pañales, no puedes meter ni un dedo. 

Luego de unas cuantas horas de vuelo, y al borde de una caquexia, debes esperar, pacientemente, que la niña te ofrezca pollo o carne... y qué desea para beber, Señor; para luego quedar con la sensación de no haber comido absolutamente nada y que hasta la pálida mantequilla era lastimosamente insípida.
Al bajarte del avión con las patas hinchadas, la cara de huevón, con horario cambiado y unas inoportunas ganas de hacer pipí, viene el temido paso por la policía internacional, en donde, en la ventanilla, debes sonreír con cara de imbécil para que el uniformado no piense que eres traficante, terrorista o pedófilo, y estampe, suspicazmente, el timbre en el pasaporte crudito, que certifica tu ingreso legal al país: Where are you from?...welcome to our country…Thank you so much! 

Lo primero que se te ocurre, al llegar al hotel, es darte un largo, caliente y placentero baño y descansar como oso invernando, porque las horas de vuelo te dejaron el cuerpo cortado, luego de catorce horas casi te salen escaras en el poto y quieres prepararte para pasar unos lindos días, proporcionarte un merecido descanso y llenar la retina de paisajes nuevos.
Los paquetes incluyen vuelos, hoteles, city-tours y paseos por lugares típicos, en donde puedes comprar cosas que no le sirven a nadie, tomar un café chico que vale lo que en tu país te sale un opíparo almuerzo para dos, degustar no más de veinticinco cecés de un vino litriado en una bodega tradicional en nombre, ubicación y diseño, y darte vueltas, con cámara al cuello, lentes oscuros y jockey al revés, obvio, fotografiando escenas sonsas (que tampoco te van a servir para nada), por eso es que todo turista que se respete, tiene, en algún álbum de plástico, una foto sujetando la torre de Pisa, en posición horizontal con el obelisco de Buenos Aires simulando una tutula, con las patas abiertas imitando a la Torre Eiffel o besando a la Esfinge de Gizeh.

A todos les sucedió, en cualquier parte del mundo, que, repentinamente aparecieron, como una estampida, una patota de asiáticos, que te taparon la escena que ibas a fotografiar, posaron, rieron, lanzaron flashes y se fueron…¡chinos de miéchica!
Bueno, eso de descanso es entre comillas, porque no hay nada más agotador que ser turista. Por tal motivo, te debes vestir con la ropa más cómoda: zapatillas, pantalones y poleras 100% algodón.
Luego de dos semanas de visitar lugares a los que todos van y de sacarte las mismas fotos que millones de turistas se han tomado, llega el momento de regresar. 

El día de la partida te das cuenta que tu equipaje aumentó en una valija, tienes las patas con ampollas, la piel como jaiba cocida, estás resfriado, te duele la cabeza y ya no das más del agotamiento.
Como pasajero en tránsito en un Aeropuerto internacional, debes combinar vuelo para el regreso a tu país, lo que, con certeza, son unas cuantas horas de espera. Lo único que te queda es dormir en un incómodo asiento de plástico, con las patas sobre tu equipaje de mano.
Al regresar, tienes cambiados los horarios nuevamente, tus ojos están hinchados, el “jet lag” te bota a la cama y lo único que deseas es que, en algún tribunal de Justicia turística, te den una sentencia con arresto domiciliario para no salir de tu dormitorio en un mes; pero, lamentablemente, el lunes debes marcar tarjeta a las nueve en punto.

¿Qué tal te fue?...La raja, solo que… ¡necesito vacaciones para descansar de las vacaciones!
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sábado, 16 de junio de 2007

PAPÁ, AHORA TE ENTIENDO...


Ahora entiendo perfectamente que me amabas lo suficiente como para preguntarme: adónde iba, con quién y qué hora regresaría a casa…Cuando insististe en que ahorrara para comprarme una bicicleta, aunque tú hubieses podido, perfectamente, comprármela…Cuando guardaste silencio y me dejaste descubrir por mí mismo que ese nuevo y mejor amigo era un patán…Cuando estuviste vigilándome dos horas para que aseara y ordenara mi pieza, cuando eso te habría costado a ti…quince minutos…Cuando me obligaste a que asumiera la responsabilidad de mis acciones con castigos que te rompían el corazón…Cuando tuviste el valor de decirme NO, aún sabiendo que te odiaría por eso.

FUISTE MALO, PAPÁ

Cuando otros niños comían caramelos, tú y mi madre me obligaron a tomarme la leche. Cuando otros niños almorzaban con gaseosas, yo tenía que tomar sopa, comer ensaladas y alimentos que eran fundamentales para mi crecimiento. Cuando otros niños jugaban y veían televisión, tú insistías en que hiciera las tareas.
Rompiste las leyes del trabajo de menores, porque me hacías trabajar: lavar los platos, sacar la basura, darle agua y comida a la perra, ordenar mi pieza y toda clase de trabajos forzosos. Siempre insististe en que dijera la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Mientras otros amigos y amigas podían pololear a los 13 años, me hiciste esperar hasta los 16, porque opinabas que aún era pequeño. Por tu culpa me perdí muchas experiencias de otros niños: nunca probé drogas, nunca estuve preso ni fui vándalo. Todo fue tu culpa.
Pero, ahora sé que fui bien educado. Soy un adulto honesto, creo en Dios y tengo principios cristianos. Estoy haciendo lo mejor que puedo para ser un padre malo, tal como lo fuiste tú. Sencillamente, creo que debería haber una mayor cantidad de papás malvados como tú, para que fuéramos todos mejores.

GRACIAS, PAPÁ

Por haberme amado lo suficiente y haber sido tan malo conmigo. Quiero que te sientas orgulloso de mí, soy tu sangre, tu obra y soy lo que soy gracias a ti.

UN ABRAZO, TE AMO MUCHO.

TU HIJO