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Rey de Socos

viernes, 1 de junio de 2012

CELULAR (I)

El vivaracho escocés Alexander Graham Bell, habiéndole robado la idea y los materiales al italiano Antonio Meucci, construyó algo parecido a una bocina con un brazo eléctrico y una membrana y, el 10 de marzo de 1876, le habló a su secretario, desde una habitación contigua: “Por favor, venga, señor Watson, lo necesito”. Había nacido el teléfono.
Y no pudimos prescindir, nunca más, de este revolucionario invento. 
Los primeros fueron aparatos fijos privados y públicos, luego, de pared, cabinas, bippers, busca personas e inalámbricos, hasta que, 97 años después, en 1973, el gringo Martin Cooper, con su equipo de trabajo en Motorola, luego de haber visto al capitán Kirk, de la serie Star Trek, utilizar un comunicador portátil, inventa el teléfono celular. Y éste sí que provocó una tiranía.
En los 80’s, aparecen los primeros aparatos, que son del tamaño de un ladrillo. Los arribistas, marqueros y ostentosos, que logran adquirirlo (eran muy caros), lo exhiben, con presunción, para provocar en los demás un estado de envidia comatosa, hablando desde la panadería, con una petulante voz impostada: 
- ¿Cuántas empanadas llevo, mijita? 
- ¿De queso o de pino?
Como el ladrillófono no cabe en ningún bolsillo, es ideal para que estos aparentadores lo lleven incorporado en la mano, de modo tal que, los que comen sopaipillas en la calle, dijeran: “Mira, ese guatón tiene celular, qué envidia, cómo me gustaría tener uno”. (Es un mito urbano, pero se dice que algunos farsantes circulaban con una imitación de madera).
A fines de los 90’s, irrumpen en el mercado los económicamente más accesibles a la clase media y se desata un fenómeno similar al originado con los primeros relojes digitales de cuarzo Casio: todos desean, ardientemente, tener uno.
Aún no dejan de ser grandes, al adobe le siguió el zapatófono, pero a nadie le importó, porque se impuso socialmente que tener teléfono portátil era sinónimo de categoría, prestigio, éxito, imagen triunfadora e identificadora de status.
Ya nadie acudió a un Callcenter y las calles se atestaron de guatones colesterosos portando aparatos coreanos, chinos o japoneses de colores chillones y comienza un nuevo estilo para hablar por teléfono, si antes, teníamos que estar pegados al fijo, ahora podíamos hacerlo caminando, en un parque, en la micro, en el metro y hasta en el baño, porque ya no se podía cagar si no se tenía un celular en la oreja.
Y la ola consumista fue creciendo inexorablemente. Si al principio era asociado a ejecutivos cuicos, que imitaban a los yuppies de New York, de traje, corbata y lentes oscuros, portando un maletín jumbo; posteriormente, cualquier lolo de pelo geliento, con los pantalones en la punta del poto, circulaba con un aparato en la oreja, hablando a gritos.
Muchos se creyeron el cuento que el mágico artilugio los convertía en inmortales ultra modernos, exitosos y tecnologizados. Quien no poseía un celular era un donnadie, estaba “out” y lo mejor que podía hacer por su vida era irse a vivir a una comunidad Amish.
Cuento aparte fue el uso del manos libres, no había ningún automovilista endeudado que no fuera manejando con el auricular enchufado y con cara de desprecio.
Luego apareció el BlackBerry (BB), y los alienados no se sacan el chorizo, incrustado en la oreja, ni para dormir. Es, verdaderamente, irritante ver a estos “mirametengoblackberry” en el supermercado, empujando el carro y hablando solos: - ¿Llevo un pollo asado, mejor, gorda?
Nuestras conductas y costumbres cambiaron. Tal como ya no se usa el pañuelo de tela, que fue reemplazado por los desechables, tampoco el reloj, porque se mira la hora en la pantallita ni se utiliza el timbre de las casas, porque, sencillamente, se envía un mensaje de texto a la susodicha, informándole, con palabras abreviadas, que uno está afuera. Ya no es necesario lápiz ni papel, porque todo se anota y archiva en el mágico aparatito, que suena en cualquier parte: restaurant, fiesta, reunión, funeral, cine, estadio, bus, lancha, playa, concierto, en una clase y en Misa, porque, a cada segundo, a más de alguien le suena el ringtone con la melodía de la Caballería ligera en el trasero y todos a su alrededor se toquetean el ídem para chequear si la musiquita viene del suyo.
Se asumió como un artículo indispensable de nuestra rutina posmoderna. La consigna es: tengo celular, estoy conectado, luego existo.
Las clases de anatomía convendría actualizarlas: cuando se enseña que el cuerpo humano consta de cabeza, tronco y extremidades, con sus respectivos huesos, nervios y músculos, en la actualidad, se debería agregar, necesariamente: y un teléfono celular incrustado en la raja.

CELULAR (II)

Es el regalo soñado por muchos, especialmente si es el último alarido en diseño, cobertura y funciones. 
Nuestra condición hiperconsumista salió nuevamente a flote: si antes había un aparato fijo por domicilio, ahora cada miembro de la familia tiene un móvil.
Hablar quedó en segundo plano, lo importante ahora es saber cuántas huevadas puede hacer el aparatito, porque la tecnología celulítica sigue avanzando y, cada seis meses, aproximadamente, aparecen teléfonos más ultrachatos, extralivianos e hiperinteligentes con más juegos, cámara, radio, TV, conexiones a internet, hologramas, cine, baño, microondas, lavadora, cepillo dental, algunos cantan canciones de cuna, dan masajes tántricos e indican cómo vestirse según el clima, aparte que paga las cuentas, espanta las moscas, te dice qué falta en el refrigerador y controla la alarma contra robos de la casa. Es tan multidetodo, que ya es imposible ir por la vida sin él. 
El que posee un teléfono sólo para hablar, es que pertenece, indudablemente, al target de coléricos de la “nueva ola”.
Existe tal variedad y competencia en el mercado, que hay aparatos costo cero y cualquier hijo de vecino puede tener uno (o dos), por eso, en una familia de clase media, tiene hasta el gato.
Si antes podíamos almorzar con amigos en una picada, disfrutando un tema de conversación sin interrupciones, ahora es imposible, porque a todos les suena al unísono y tenemos a cuatro personas compartiendo un sándwich de hilachas de pollo con palta y jugo de maracuyá, pero cada uno con el aparatito en la oreja o recibiendo y enviando mensajes. Por las constantes puestas en pausa, la frase típica, en estos casos, es: Oye, ¿En qué estábamos?
En las salas de espera de una consulta médica, en un terminal de buses o en una peluquería, ya nadie conversa ni lee revistas viejas ni llena crucigramas, porque todos están concentrados enviando mensajes, revisando correos, jugando huevadas que emiten sonidos horripilantes, viendo la última estupidez de YouTube o escuchando música.
Los enamorados no pueden vivir si no se llaman cada cinco minutos para preguntarse algo tan importante como: -¿Qué estai haciendo?, y se envían, mutuamente, quinientos mil mensajes por hora, abreviados, obvio. El colmo de la estupidez es el: corta tú, no, corta tú, cortemos juntos, ya, dale, corta tú…y están media hora con la tontera. Las empresas telefónicas los idolatran, porque, los que caen en estado de huevonitis irreversible (léase enamoramiento) viven pegados al teléfono.
El agravio comparativo (todos tienen celular, menos yo) fue el que gatilló la adquisición de un aparato en los niños, que también cayeron en la onda consumista y aparentadora. 
Las madres aprehensivas, castradoras y primerizas, no encontraron mejor aliado, porque les permite controlar a los cabros chicos cuando están fuera de casa, por eso es común escuchar, en la locomoción colectiva o en la calle, a un pergenio contestando malhumorado: - Si… si… si… voy en el metro, ya…ya…ya.
Los jóvenes se volvieron tan dependientes al aparatito, que han desarrollado una fobia, es decir, un miedo irracional, desproporcionado e incontrolable a no tener el móvil consigo, a tal punto, que sufren de una enfermedad llamada nomofobia: ‘nomo’ por no-mobile (sin celular, en inglés), y ‘fobia’: angustia. Andar sin celular les provoca ansiedad. Si no lo tienen, se tiran al piso, les da una pataleta, se arrancan los cabellos y hasta les sale espuma por la boca. Hay que hacerles un exorcismo para que se calmen. Obvio que, desde donde estén, se devuelven a buscarlo o alguien de la familia tiene que llevárselo. Si no tiene batería, que es otra tragedia, buscan, desesperadamente, un enchufe y ya pueden respirar mientras lo cargan, o sea, no pueden sufrir, por nada del mundo, según ellos, un apagón comunicativo.
Tan exagerada es la dependencia del invento de Cooper, que muchos países han tenido que promulgar leyes que prohíban el uso del celular mientras se maneja y existen campañas en las que se muestra la irresponsabilidad de personas que conduciendo un vehículo van con el aparatito en la oreja o enviando mensajes.
Estamos inmersos, mis queridos congéneres Diaguitas, en la tiranía de lo instantáneo, simultáneo y disperso, de la sobredosis de información y de la conexión con un mundo virtual que terminará anulando el placer de conversar con el otro, cara a cara, sin ser interrumpidos por un estresante aparato parpadeante, luminoso y sonoro, que no nos dio categoría, prestigio, éxito, imagen triunfadora ni status, sólo nos enfermó: nos convirtió en nomofóbicos.

Para conductores:
Pierde una llamada, no pierdas la vida.
Cuando manejas y apagas el celular, el inteligente eres tú.
Manejar y celular: juntos te van a matar.

Letrero en un restaurante:
"No tenemos wi-fi, hablen entre ustedes"

martes, 1 de mayo de 2012

SANTUARIO DE SOTAQUÍ





De estilo gótico, mide 40 mt de largo, 12 mt de ancho, 7 mt de alto. La cruz central es de origen jesuítico. La techumbre es de zinc galvanizado, el piso es de madera de pino oregón, las murallas de adobes, pintadas de color blanco invierno en el interior y crema y rojo colonial en el exterior, el cielo es de madera, con vigas a la vista y adornado con arcos pintados.

  • 1898: es bendecido, en honor al Niño Dios de Sotaquí, siendo párroco don José Gabriel Cortés Alcayaga, reemplazando a la Parroquia del Santísimo Sacramento, que había sido construida en el año 1662.
  • 1907: el altar y el púlpito son traídos desde Berlín, Alemania.
  • 1943: el terremoto, que destruye totalmente el pueblo, deja este Templo en tan mal estado, que no se puede utilizar por 14 años.
  • 1957: siendo párroco don José Stegmeier, se inician los trabajos de reparación, modificando su diseño original: se adicionan dos torres laterales y un atrio de diez pilares en la fachada, quedando con un particular estilo corintio mezclado con el románico de sus ventanales.
  • 1997: otro movimiento telúrico azota la zona, dejándolo con serios daños estructurales: una infinidad de grietas, derrumbes en una parte del muro lateral norte, en el atrio y la fachada, no pudiendo ser utilizado, nuevamente, por otros 14 años.
  • 2006: es declarado monumento nacional.
  • 2012: se comienza a ejecutar su segunda restauración, que contempla la consolidación estructural de los muros por medio de mallas revocadas en barro o estuco, reconstrucción en adobe en la pared lateral norte, arreglo de cubiertas de las tres torres, reposición de pisos del presbiterio y nuevas gradas exteriores.
  • 2013: el Templo, totalmente restaurado, es entregado, a los fieles, en el mes de agosto.

domingo, 1 de abril de 2012

HINCHAS

Los machos no son de correr chillando perturbados detrás de un cantante o actor, ni andan a la siga de autógrafos ni asisten a conciertos con pancartas y plumeros de porrista. 
Algunos se fanatizan por bandas de Shock rock, Hard rock o Heavy metal, pero, más de ahí no pasa.
Algo que si expresan abierta, ruidosa y masivamente, es su delirio, adoración e incondicionalismo por un Equipo de Fútbol, la Selección o algunos jugadores estrellas.
El Fútbol es el deporte universal por antonomasia, pasión de multitudes, un sentimiento intenso, capaz de dominar voluntades y doblegar razones. 
Da la impresión que los fanáticos futboleros tienen en su ADN un gen que los identifica irracionalmente con un Equipo. 
Para ellos el fútbol no es sólo un deporte, sino una forma de vida. 
Se consideran el jugador número doce y lo expresan verbalmente con un arraigado sentido de pertenencia: jugamos, ganamos, empatamos o perdimos.
No se les llama Fans, sino Hinchas, nombre nacido en Uruguay a comienzos del siglo XX, a raíz de los fuertes gritos de apoyo a su equipo, el Nacional de Montevideo, que daba Prudencio Miguel Reyes, un talabartero, utilero del plantel, cuya tarea era inflar “a puro pulmón” los balones, es decir, “el hincha pelotas” o “el Hincha”. 
El término pasó luego a designar a quienes expresaban ruidosamente su apoyo a un Equipo de Fútbol, siendo adoptado en casi toda Latinoamérica. En España les dicen “Peña”, en Brasil “Torcida organizada” y en México “Porra” o “Barra”.
Surgen de una subcultura juvenil de carácter urbano, buscando identificación y pertenencia a un grupo. Generalmente su ubican entre los 14 y los 25 años, aunque en la Argentina son de mayor edad, y claro, al otro lado de la cordillera, el fanatismo futbolero está mucho más arraigado.
Los fanáticos irredentos no existen. Sería inusitado ver a uno solitario en galucha, como el caso del “Hincha de Camerún”, de la tira cómica Argentina “Clemente”, que también tuvo su versión en TV, en la que aparecía, en contrapartida a la numerosa barra del equipo contrincante, un solitario negrito, cantando: ”purumpumpúm, purumpumpúm, yo soy el Hincha de Camerún”.
Un Hincha se retroalimenta con otros Hinchas. Los fanáticos necesitan de otros fanáticos. La gracia es correr, gritar, llorar, patear, insultar, reír o mandar a alguien a la chucha, en una turba.
La casa de un auténtico Hincha está atiborrada de Merchandising con las insignias y colores de su idolatrado Equipo: banderines, lienzos, afiches, relojes, llaveros, jarros, gorros y de un cuanto hay. Algunos ultra fanáticos, no se visten con otro color que no sea el de su Club y hasta se casan engalanados con sus símbolos, visten a sus hijos con la camiseta del plantel, a los que llevan desde guagüitas al Estadio. 
Son los que acompañan a su Equipo en todos los partidos y quieren que los entierren con su bandera sobre el cajón. Al igual que los Fans, besan fotos de sus ídolos, matarían por una camiseta o una pelota autografiada. Chillan, saltan, se agarran los pelos y lloran a moco tendido cuando su equipo pierde o baja a segunda división.
También tienen sus tropas organizadas, portan un carné de socio, asisten a los partidos en masa, vistiendo su adorada camiseta, con el rostro pintado, cual Comanches en estado de guerra, se sientan juntos portando tambores, cajas y banderas, tiñendo con su color un sector de la galucha.
Un partido de fútbol es un espectáculo que genera excesiva adrenalina y pasiones desmedidas. En el mundial de Inglaterra ‘66, lamentablemente, surgió el fenómeno Hooligans (matones desquiciados que causan disturbios) que se extendió por Europa, donde los llamaron Ultra, en la misma onda violenta. 
Imitándolos, en nuestro país, algunos años después, surgieron las Barras Bravas, una manga de picantropus flaitensis delincuentes, drogadictos y alcohólicos, directos responsables de los habituales actos de violencia y matonaje dentro y fuera de los Estadios. 
Son los que agarran lo que tengan a mano para sacarle la cresta a sus oponentes (o, literalmente, matarlos), destruyen asientos, barreras, semáforos, paraderos, se agarran a peñascazos con los pacos, saquean tiendas, incendian autos y lo que se les ponga por delante. Sea que ganen, empaten o pierdan, da lo mismo, ellos tienen que dejar la cagá.
Es gratificante ir al Estadio a disfrutar de un partido y vivir la emoción del juego: saltar abrazados gritando un gol, corear un apoteósico ¡ooole! en una buena jugada, un aplauso cerrado por una atajada de antología, un angustiado ¡huuuuuuuuu! cuando una pelota da en un palo del arco, quedar disfónicos en un triunfo, salir alicaídos, pero conformes, en un empate y con cara de viernes santo en una derrota, pero con la firme convicción que en el próximo partido el resultado se va a revertir. 
Esa es, mis Diaguitas, la actitud de un auténtico Hincha. Eso es pasión. Una emoción que emerge del alma y se manifiesta a gritos en cada partido.

jueves, 1 de marzo de 2012

FANS

Del Inglés Fanatic,  palabra que los gringos cortaron, siempre prácticos ellos, y dejaron como Fan: fanático, al que también se le llama admirador, aficionado o seguidor. 
Es un vínculo emocional irracional de una persona hacia sujetos mediáticos del mundo del espectáculo y deportivo idealizados: cantantes, actores, animadores y deportistas famosos (nadie es Fan de un sibarita, un anacoreta o un cuidador de un faro), o a un hobby (pasatiempo) series de TV, películas, bandas rockeras, equipos de fútbol y un largo etcétera.
Un grupo de Fans constituyen un fandom, (abreviatura de Fan kindom: reino fan, referido al conjunto de aficionados, pertenecientes a un “Fans Club”, que leen fanzines (abreviatura de Fans magazines: revista de fanáticos) donde publican la vida de los ídolos, chismes, fotografías y les venden toda clase de merchandising y entradas para eventos.
Esto viene desde Frank Sinatra (el primer Fans Club de la historia), Los Beatles, la fansmanía más numerosa, febril e histérica que haya existido, siguiendo con Elvis, los Rolling Stones, y otro largo etcétera; todos han tenido, tienen y tendrán un grupo incondicional de fanáticas siguiéndolos, adorándolos e imitándolos. 
Esto se da, desde siempre, mayoritariamente, en mujeres adolescentes y pueden llegar a tal grado de apasionamiento, que, para muchas, se convierte en obsesión.
En los 60’s, Chile vivió el fenómeno “Nueva ola”, una marejada de un tsunami de cantantes pop (abreviatura de popular) que venía desde la meca del espectáculo, donde se gestan los famosos y se ha sacralizado el éxito: USA
Muchos intérpretes nacionales se bautizaron con nombres gringos, (impensable que usaran seudónimos Mapuche, Diaguita o Aymará) y hasta cantaban en inglés, copiándoles en todo: indumentaria, movimientos epilépticos en el escenario, excentricidades patéticas, se tiñeron el pelo rubio e impusieron tendencias: usar lentes Lennon, botas cortas con elástico lateral, sweters cuello tortuga y bufandas multicolores que llegaban hasta el suelo.
También surgieron, como no, las Fans chilensis, bautizadas por la prensa local como “Calcetineras”, porque se caracterizaban por usar esas prendas de vestir, muy de moda en aquellos tiempos, y por caer rendidas a los pies de los artistas. 
Eran quinceañeras que se aglomeraban con plumeros de porristas gringas en Aeropuertos, se parapetaban en la puerta de Hoteles y seguían, cuadras y cuadras, un auto con vidrios polarizados en el que iba su ídolo. Todas estas jornadas eran acompañadas de gritos histéricos, llantos desmedidos y desmayos grotescos. 
En todo caso, la cosa no andaba al lote, no Señor, estas niñitas eran bien organizadas: vestían de un mismo color, tenían directiva, carné de socia, pagaban cuotas, asistían a reuniones y, por supuesto, a todos los conciertos de sus adorados tormentos y organizaban obras sociales para ir en ayuda de los más necesitados. 
Las más destacadas fueron las seguidoras de José Alfredo “Pollo” Fuentes y Raphael de España, las primeras vestidas de amarillo y las otras de rojo. Todas leían la revista “Ritmo”, coleccionaban fotos, cantaban sus canciones y soñaban en convertirse en sus novias. Un fanatismo incondicional, candoroso y tierno. 
Los trofeos de las chicas eran: un autógrafo, un póster así de grande en la cabecera de su cama y soñar que se casaban como la monarquía: de blanco refulgente, una cola de veintisiete metros, saliendo de una Iglesia bizantina, pegada como lapa al brazo de su ídolo vestido con uniforme militar de gala.
Las fanáticas de la actualidad son distintas: más intrépidas, desprejuiciadas y apasionadas: se enamoran perdidamente de un cantante o actor, aunque el tipo sea más feo que leproso al límite del espanto, con un nombre asesinable, sude como equino y sufra de halitosis. Aún con la absoluta certeza que jamás sabrá sus nombres, dónde viven y con cuántas cucharadas de azúcar les gusta el café, ellas suspiran, lloran y mueren por él.
A diferencia de sus similares sesenteras, las Fans actuales cuentan con Internet, que pone a un artista al alcance de cualquiera, desde allí siguen sus mínimos pasos: conciertos, vida privada y escándalos; los sienten más cercanos, bajan de la red sus discos, películas, entrevistas y asisten, en masa, a sus presentaciones personales como si fuera el gran acontecimiento de sus vidas.
Algo no ha cambiado: continúan echando abajo teatros, bomboneras y estadios con sus gritos y adoración irracional, que les brinda el grado de huevonitis necesario para perdonarles todo a sus amores platónicos, hagan lo que hagan, los siguen venerando idiotizadas.
El ser humano siempre ha tenido la necesidad de vivir con un mito; si los griegos creían que los dioses vivían en el Olimpo, las Fans los ven en las colinas de Hollywood, en las pantallas del cine y TV, y en mega escenarios encandiladores, pantallas gigantes, parlantes que rompen tímpanos, donde hay mucho humo y fuegos artificiales.

lunes, 6 de febrero de 2012

FAMOSOS (I)


Según la RAE, “celebridad”, del latín celebritas, es una “persona famosa”, y “famoso” que también proviene del latín famosus, define a personas que salen del anonimato, logrando captar la atención de los medios de comunicación masiva, quienes venden periódicos, revistas y programas de TV, hablando un tiempo de ellos. 
Al principio destacan los méritos que tuvieron para saltar a la fama: cantantes con un súper hit, bailarines acróbatas, actores que ganaron premios, animadores de festivales de la fruta o la verdura, jugadores de fútbol que meten goles, modelos flacas siliconadas, políticos que lograron llegar al poder (y los que no), alguien que cruzó a nado el canal de Chacao, un salvavidas que agarró a coscachos a un bañista, en fin, cualquiera que haya hecho algo que el periodismo actual considere “noticia”.
Pasado un tiempo, a los chicos de la prensa ya no les interesan tanto el trabajo que hicieron o los proyectos que tienen, porque comienzan a publicar, exclusivamente, su vida privada, satisfaciendo así el morbo social, patología definida como el interés crónico del público de enterarse, envidiar y comentar las intimidades del prójimo. Y si es prosaico, tanto mejor. El morbo vende.
Basta que un actor, cantante, político, modelo o deportista sea sorprendido conduciendo en estado etílico, robando, siendo infiel, opinando a favor o en contra de algún tema espinudo en boga, para que los reporteros corran encrespados a la caza de testimonios dudosos, desmentidos estúpidos, fotos comprometedoras o videos grabados en el mismo instante de los hechos, para dejar a lectores y espectadores con los ojos como huevos duros y tapándose la boca, agotando los diarios o quedarse horas pegados a la pantalla chica para enterarse de los detalles del notición. Algo similar ocurre si están de novios, si se casan, divorcian o si le sacan la cresta a su pareja. Los famosos venden.
-“Quieren fama, pero la fama cuesta, y aquí es donde comienzan a pagarla, con sudor”, les decía la profesora de ballet a los estudiantes en la popular serie de TV ochentera “Fame”; y los cabros, se sacaban la remugrienta ensayando coreografías, sudando la gota gorda y sufriendo callosidades y esguinces. 
Bueno, hoy la fama es gratis, cualquiera puede ser famoso. No hace falta esforzarse ni estudiar ni trabajar duro para lograr el éxito, porque en la pantalla chica universal han aparecido, como callampas después de la lluvia, los vulgares programas llamados “Reality” (de todos los nombres que usted quiera) donde se ingresa siendo un pedestre, total y absoluto desconocido y se sale famoso. 
Lo mismo sucede con los programas de “ídolos” : cualquier hijo de vecino puede ir, agarrar un micrófono, graznar algo, pegarse unas vueltas de carnero desquiciado o imitar alaridos de chimpancé y quedar clasificados, por un jurado “ad hoc”, para la próxima ronda y desde allí dejan de ser desconocidos: comienzan a aparecer en youtube, en periódicos faranduleros, son entrevistados en programas fatuos y no paran, ya están graduados de famosos instantáneos. 
Las interminables filas para los “castings”, son una prueba irrefutable que miles de personas buscan la oportunidad para dejar de ser gente de a pie y lograr la tan ansiada notoriedad. Quieren tener plata, ser admirados, envidiados y firmar autógrafos.
Al poco tiempo, muy corto en realidad, la carencia de talento y cerebro les pasa la factura y las figuras de estas seudo celebridades se ajan, desdibujan y languidecen. Ya no venden, no los llaman de ninguna parte y, tal como subieron rápido, caen estrepitosamente a un abismo como el quemado coyote del “Correcaminos”, (después de haberle explotado la bomba que tenía preparada para atrapar al veloz pajarraco), con un silbido se van guardabajo, pegándose un feroz guaracazo, quedando marcados en el suelo. Lo último que se ve de ellos es una microscópica polvareda. 
Entonces, inmediatamente buscan, con desesperación, encerrarse en un nuevo “Reality” para reciclarse, cahuinear otro resto, agarrarse de las mechas con alguna celebridad y salir nuevamente al mercado como momias recalentadas. Esto les sirve un tiempo para nuevos titulares y entrevistas, pero el material se agota, y el público quiere más circo. 
¿Qué hacer?...el último recurso: auto graduarse de “Opinólogos”, (Cahuinólogos) payasos que sofisticaron el cahuín, se autoproclamaron jueces, moralistas y redentores, ganando obcenas cantidades de dinero ventilando trapos sucios ajenos, metiéndose entre las sábanas del prójimo y dando consejos que nadie les pide. 
El menú habitual de estos chabacanos programas: declaraciones candentes, insultos, llantos y desmentidos en cámara, fotos comprometedoras y su frase ancla de todas las semanas: “La verdad sin tapujos, aunque duela”. Eso mantiene a los televidentes con el poto pegado al sillón. El cahuín vende.
Ser famoso ya no es destacarse por logros personales, profesionales, deportivos o artísticos. Ser famoso hoy es permanecer en el tapete mediático exponiendo la vida privada con escándalo.
El morbo vende, los famosos venden, el cahuín vende. Viva la fama.

FAMOSOS (II)



* DIEZ COSAS QUE DEBES HACER SI QUIERES SER FAMOSO

- Tener Twitter: Los famosos siempre están a la moda y hoy no existe nada más “cool” que ir por la vida “tuiteando”, opinando de cualquier cosa, lo que se te venga a la mente, no importa, pero escribe algo. Además necesitarás una cuenta asociada en Twitpic para subir al instante fotos comprometedoras tomadas desde tu iPhone. Políticos, jugadores de fútbol, pornstars o simples vividores, están en Twitter y tú debes estar allí con ellos.
- Ser extravagante: Las personas comunes y silvestres rara vez llegan a ser famosas. Tienes que ser raro: vestirte a lo Lady Gagá, alimentarte con placenta o adoptar un cerdo como mascota, tienes que salir de lo establecido, debes diferenciarte del pueblo llano para que todos deseen, ardientemente, ser como tú.
- Ser ambiguo: En estos tiempos, lo hetero es más de lo mismo y ya no vende. Hoy “la lleva”  jugar para ambos equipos o por lo menos insinuarlo. Ojo, no estamos diciendo que te conviertas en un ser ridículamente andrógino como el cantante de “Tokio Hotel”, sino ser ambiguo en cuanto a tu sexualidad de cara al resto, de modo que todos, tanto un camionero como una dueña de casa, sueñen que tienen posibilidades contigo.
- Pelear con los paparazzis: Te encanta la fama y quieres, con locura, que te sigan a todos lados, pero a la gente común y corriente no les gustan los "attention whores" (los “todo por la fama”, para que nos entendamos) por lo que tienes que hacerte el ofendido y pelearte con ellos a puñetazos, paraguazos o escupitajos. Luego, cuando dejen de grabar o hacer fotos, los invitas a un trago y que paguen ellos, porque un famoso nunca paga. ¡Que no se te olvide!
- Conseguir una ficha policial: Los niños buenos y las santas no venden, es un hecho científico probado por un estudio de la Universidad del Cahuín, en colaboración con el Instituto de la Farándula. Tienes que ser malo o mala, y nada mejor para demostrarlo que una ficha policial con las típicas fotos de frente y perfil trasnochado y sin maquillaje, y que ese antecedente llegue, misteriosamente, a los medios. Conducir ebrio y chocar frente a una Comisaría da excelentes resultados, te hacen la ficha al tiro.
- Dar siempre tu opinión: No importa que sea sobre la ley de la silla, una huelga o el desempleo; si ves un micrófono abierto por ahí, debes dar tu opinión y cuanto más incendiaria y menos informada sea, mejor. Además, si vuelven a preguntarte sobre el tema (que lo harán), contradícete a ti mismo, así conseguirás que te vuelvan a preguntar. Eso se llama perro que se muerde la cola. No falla.
- Asistir a eventos: No te vas a hacer famoso en tu casa viendo programas estelares en pijama y tomando helado de tiramisú. Tienes que salir, vestirte de la manera más estrafalaria y colarte en cualquier alfombra roja que veas. Allí habrá cámaras, micrófonos y mucho brillo, combinación perfecta para saltar al estrellato. Si no te han invitado y te sacan borracho como Harry Potter, tanto mejor. Para los medios, serás un banquete.
- Casarse y divorciarse varias veces: Pocas cosas venden más que una boda y, entre ellas, también están un divorcio y tener amante. Así que ya sabes, a casarte y descasarte con demandas judiciales, cuantas más veces mejor, como si intentaras batir el record de Elizabeth Taylor. Eso si, no olvides que tu cónyuge tiene que ser más famoso que tú. Y si no eres de formalismos, rejuntarse y separarse también es válido y, ojo, siempre tienes que armar una trifulca mediática por la custodia de tus hijos.
- Ponerle a tus hijos nombres raros: Los vástagos de personas comunes y de famosos se diferencian en una sola cosa: el nombre. Si eres una celebridad no le puedes poner a tu hija María porque no te va a comprar la exclusiva ni “La Cuarta”. Necesitas nombres con gancho: una fruta (Apple), una ciudad (Paris, Brooklyn), un superhéroe (Kalel) o en spanglish (Stella del Carmen o Kevin José), en vulcaniano o con caracteres cirílicos. Atento, si el nombre es compuesto no puede superar una longitud de tres palabras porque, a partir de ahí, pasan a ser nombres monárquicos y eso está recontra “out” y las transfusiones de sangre azul son carísimas.
- Revelar intimidades: ¿Nada de lo anterior ha dado resultado? ¿Tu efímera fama se ha evaporado cual droga en la puerta de la casa de Amy Winehouse? Siempre tendrás a mano un recurso para hacer mucho ruido: revelar intimidades de tu relación con tu ex pareja y que eso llegue, incomprensiblemente, a los medios cahuineros. Eso si, mantén el suspenso como si se tratara de una bomba de tiempo: primero algunas fotos, luego una denuncia en un juzgado, contratar un Abogado chanta, algunas lagrimitas en programas de farándula y finalmente no dices nada o una verdad a medias.

* Versión libre de un artículo escrito por un Bloguero español, Fernando Siles: http://kalimerozone.blogspot.com/  con adaptaciones contextuales y lenguaje chilensis. Gracias Fernando.

miércoles, 18 de enero de 2012

REGALOS

Los simples mortales, de cualquier raza, nacionalidad o credo religioso, tenemos, históricamente, la costumbre de intercambiar regalos. 
Y lo hacemos, durante todo el año y en las mismas ocasiones: nacimientos, bautizos, cumpleaños, bodas, aniversarios, graduaciones, bienvenidas, despedidas, rinoplastias, divorcios y colocación de siliconas.
Los hombres primitivos, cuando querían demostrarse afecto, se obsequiaban lanzas, cuchillos y collares de dientes de cocodrilo. Luego, una vez descubierto el fuego e inventar la rueda, los presentes también evolucionarían y se regalaban un jabalí asado al palo, huevos de avestruz y pipas de la paz.
En nuestro continente el asuntito comenzó con don Cristóbal Colón, cuando, al no achuntarle a las Indias y desembarcar por estas tierras, se encontró con un montón de aborígenes piluchos, y, para conquistarlos, no se le ocurrió mejor idea que regalarles unos diminutos fragmentos de espejos, algunos botones y bolitas de vidrio, por supuesto que nuestros antepasados se volvieron locos. 
Y nosotros, fieles descendientes, continuamos, con esos instintos básicos: nos encanta andar piluchos, a pata pelá y nos sigue cautivando lo brilloso, lo que sea, pero que brille. 
Y nos quedó gustando el asuntito de los regalos, darlos y recibirlos, que hasta se nos ocurrió inventar fechas para hacerlo: si ya tenemos en el calendario el día de la Secretaria, del Compadre y del Vecino, falta muy poco para que se decreten: el día del Patas negras, de la Cahuinera y del Awueonao, ocasiones en que daríamos y recibiríamos miles de presentes.
Si existe una fecha en la que ateos, moros y cristianos caemos en una suerte de orgía hiperconsumista es en Navidad.
Desde noviembre, todo el mundo se vuelve loco con el tema y se gasta hasta lo que no se tiene para hacerle regalos a un listado que empieza con la suegra y termina con el conserje del edificio. 
Del nacimiento del niño Jesús, la razón de la fecha, nadie se acuerda. Se acude, con desesperación, como quinientas veces, al hipermercado para comprar un arbolito artificial, esferas de colores que dan botes y no se rompen, y juegos de luces intermitentes (todo “made in China”), además de los regalos que se “tiene” que hacer a la parentela, que, en todo caso, son siempre los mismos: bicicletas, corbatas, libros, perfumes, cosméticos, chocolates, ropa en general y mascotas; cuento aparte son los regalos tecnológicos, porque ahora nadie puede vivir si no tiene un celular que hasta le limpie el poto, un plasma que aguante los martillazos de un lolo esquizofrénico y una cámara fotográfica digital que le indique que una persona es demasiado fea para hacerle una toma.
El amigo secreto en la Oficina es hacerse regalos obligados, que a nadie le gustan, entre gente con la que nos detestamos mutuamente. Todos lo hacemos por cumplir y compramos, a última hora, una sirena de porcelana de una luca, un par de pañuelos que nadie usa y un juego de naipes con el que nadie juega, todo chino, obvio.
Los regalos de bodas ya no son como antes, porque ahora existe la lista de novios de las Multitiendas, para evitar que la nueva pareja acumule siete planchas, ochenta copas de champaña y cuarenta y dos pares de sábanas chinas de pésimo diseño.
En tiempos de las cavernas, cuando un troglodita se enamoraba de una hembra chascona, le regalaba un certero garrotazo en la nuca y, de las mechas, se la llevaba, a la rastra, a su cueva oscura y maloliente, la hacía suya brutalmente y se daba por hecho que estaban casados, evitándose así toda la parafernalia de regalos, ceremonias civil y religiosa, recepción para dar de comer gratis y un aparentador viaje de luna de miel. El asunto era más sencillo y el objetivo se cumplía a cabalidad: aparearse.
El “Baby shower” lo inventaron las mujeres gringas para ahorrarse unas lucas y recibir de los familiares y las amigas: baberos chinos, paquetes de pañales desechables y crema para el potito del bebé.
Cuando alguien regresa de un viaje, es asesinado si no trae consigo regalos comprados en los Aeropuertos: ceniceros y encendedores para quien no fuma, máquina de afeitar para el que no tiene ni pelusas y una piedra pómez para eliminar las durezas en los talones. - Lindo, gracias, te pasaste, no te hubieras molestado...tienes que decir, aunque el regalito no te haya gustado para nada..
Como se puede apreciar, somos víctimas de un consumismo exacerbado provocado por este mundo marketero, que nos hace olvidar la razón fundamental para hacernos regalos.
Y, seamos honestos…más que recibir bufandas chillonas, guantes de cuero sintético o un CD con música clásica, todos preferimos pasar las celebraciones especiales en familia, comer algo rico con la gente que amamos y es mucho más gratificante recibir de ellos abrazos, besos, una sonrisa y decirnos que nos queremos. Con eso nos basta.

jueves, 1 de diciembre de 2011

MATEO

Bocho en Argentina y Uruguay, Corcho en Bolivia, Pilo en Colombia, Locote en Cuba, Norio en Ecuador, Empollón en España, Sholón en Guatemala, Ñoño en México, Macetudo en Nicaragua, Chancón en Perú, Nerd en USA, Secchione en Italia y Cerebrito en Venezuela; todos sinónimos de este personaje que nunca falta en una sala de clases de Primaria, Secundaria o Universitaria: el estereotipo del estudioso obsesivo, de altas calificaciones y personalidad “sui generis”.
En Chile le decimos Mateo, apodo prejuicioso, burlesco y despectivo, inventado por la muchedumbre de sus antónimos: los Porros, para referirse a este compañero computín del cual no soportan su hegemonía académica. La palabra deriva de mate: cabeza, cerebro, inteligencia.
No posee, necesariamente, un CI superior al promedio, brilla más por aplicación que por talento, memorión, esforzado, dedicado, puntual, respetuoso, cumplidor con las tareas, entrega los trabajos a tiempo. 
Lee más que Canuto en la cárcel, obtiene notas máximas (y vive pendiente de las calificaciones de los otros), primeros lugares y los más altos puntajes en la prueba de ingreso a la Universidad.
Enfermo de chupamedias, cara de autogol, grandes anteojos poto de botella (que le dan ese aire a sabio loco, retro y misántropo), pelo alborotado o peinado con tanto gel, que da la impresión que lo lamió una vaca tudanca; cuerpo de alfeñique desarticulado u obeso mórbido, viste como un Amish, con bototos de muerto y se abrocha hasta el último botón.
Su reloj tiene, entre otras miles de cosas: calculadora, brújula, cronómetro, marcapasos, termómetro, descifra los jeroglíficos que traen las lavadoras automáticas  y mide la presión arterial, el colesterol y la glucosa. Por ahí, en una de esas, sirve para ver la hora.
Es el único individuo que conoce (y los usa) los infinitos recursos tecnológicos que posee su teléfono celular, con el que, además, hasta se puede convertir en Hulk, realiza viajes astrales y encuentros cercanos del tercer tipo.
Nulo para cualquier deporte, pajero crónico, sentido del humor diferido (hay que contarle los chistes subtitulados), distraído, se tropieza hasta con los postes, de pocos amigos, no asiste a fiestas, tieso para bailar, usa brackets, huele a patas y se sabe de memoria la lista de los países beligerantes en la Guerra fría, las coordenadas para ubicar en el mapa el Atolón de Mururoa y la edad de los cúmulos globulares de la galaxia Andrómeda.
Fanático de los comics, sagas de ciencia ficción como "Star Trek", "Battlerstar Galáctica" o "Star Wars", de cualquier tipo de video games y del Ajedrez. Coleccionista de transformers, espadas laser y trozos de meteoritos. 
Algunos sufren epilepsia, taquicardia, asma, alergias, acné y problemas de interacción social como el mutismo selectivo o el síndrome de Asperger.
Es blanco de las debilidades, inseguridades y rivalidades de los Porros, quienes lo detestan, admiran y envidian; pero estos gaznápiros lo utilizan de un modo pendular: la mayor parte del año es víctima del matonaje de esta retorcida, salvaje y omnipresente fauna escolar (hoy le llaman, eufemística, siútica y gringamente: bullying), quienes le rompen los lentes, escriben idioteces de él en los baños y el pizarrón y le pegan letreros con mensajes satíricos en la espalda; pero, en los trabajos de grupo, se pelean por tenerlo con ellos; en periodo de exámenes le piden prestados sus prolijos cuadernos con las materias al día y que les explique un ejercicio de física cuántica, les relate el resumen de “Edipo Rey” o, cuando están en riesgo mortal, les “sople” la composición, peso molecular y fórmula del Amoniaco.
Todos quisieran sus buenas notas, pero no valoran sus sacrificios, desvelos y preocupaciones. 
No se comprende su condición de solitario, que lo consideren un inadaptado, que el ambiente escolar le produce stress sintomático y mucho menos aprecian su postura pacifista y ecológica. 
Nadie imagina el drama que vive con la eterna encrucijada de no poder, por ningún motivo, abandonar el estudio, presionado por sus padres, quienes le exigen que sea el más brillante, que deje la diversión para nunca, y por sus profesores, que también esperan lo mismo, y no puede defraudar a unos y otros.
Generalizar es banal, infame e injusto. No todos son iguales. Hay algunos buena onda, tratables y deportistas, otros son capaces de integrarse en actividades “extra programáticas” y sumarse a causas contingentes, como la toma del Colegio y una protesta o marcha por los derechos de los estudiantes.
Los gringos, que todo lo segmentan, marcan diferencias: Nerd es el estudioso que padece de ostracismo, el Geek es casi igual, pero más orientado hacia la tecnología, electrónica e informática y el Friki, es un animal definitivamente “raro”, caracterizado por una obsesión a un tema, afición u hobby.
Distintos o no, todos terminan haciendo Masters, Magisters y Doctorados, llegan a Gerentes de algo, dueños de mucho, se casan con una bruja controladora histérica, aprenden a vestirse como Ministro en visita y no pueden respirar si no tienen a mano una Laptop, un iPad, un iPhone, un Blackberry, un Smartphone y sus ansiolíticos.


“Sé amable con los Nerds, es muy probable que termines trabajando para uno de ellos”.  Bill Gates

martes, 1 de noviembre de 2011

BAILES RELIGIOSOS







Bailamos para divertirnos, relajarnos, como expresión artística, ejercicio, terapia o rito religioso. 
El baile es una expresión corporal consustancial a la especie humana y ha formado parte de su cultura desde que habita el planeta. 
La danza es la ejecución de movimientos coordinados que se realizan con todo el cuerpo, al ritmo de un elemento fundamental: la música, que puede ser ejecutada por uno o varios instrumentos o marcando el ritmo con percusión, palmas o pitazos. 
Es una forma de comunicación, un lenguaje que expresa sentimientos y emociones mediante gestos, movimientos y desplazamientos. 
Un arte bello, expresivo y emocionante tanto para quienes lo ejecutan como para los espectadores.
El baile religioso nace cuando los creyentes perciben la trascendencia e inmanencia de Dios, esto es: su condición celestial y su presencia terrena, cercana e íntima a la vez, o sea, en palabras más simples: Dios está en el cielo, en la tierra y en todo lugar; lo que también se aplica a la Virgen y a los Santos. 
En los Templos de la Iglesia primitiva era habitual el baile como alabanza a Dios. 
En la Biblia, la danza es parte de una manifestación de júbilo en celebraciones sociales o acontecimientos, como una acción de gracias por la victoria en una guerra o una fiesta familiar, las que podían ser procesionales, circulares o estáticas, acompañadas por distintos instrumentos musicales y protagonizadas, habitualmente, por mujeres y niños.
En el año 1584, en el Santuario de la Virgen del Rosario de Andacollo, nace, con una fuerte influencia incaica, el primer Baile Religioso de Chile: un elenco sólo masculino, constituido por mineros que bailan al lento ritmo de tambores y al afligido sonido de flautas de caña. 
Se llamaron “Chinos”, vocablo que no tiene ninguna relación con el país o idioma oriental, porque la palabra “china” es de etimología quechua, que, en una acepción reducida, en español, se traduce como “hembra”, término que los Conquistadores utilizaron despectivamente para referirse a las mujeres indígenas de Chile, Perú y Bolivia, a quienes tomaron para el servicio doméstico. Luego se aplicó, por analogía, a los criados varones. 
Otra versión dice que proviene del guaraní, idioma en el que significa “amiga”. Uniendo los significados anteriores, “China” se aplicó a la compañera del huaso chileno. (En lenguaje popular, también es utilizada como sinónimo de “Amante”). 
Considerando el origen, fusiones, usos y evoluciones de esta palabra, podríamos concluir que “Baile Chino” significaría “Baile de servidores”, quienes, cariñosamente, también bautizaron a la Virgen de Andacollo como “la Chinita”.
Los Bailes Religiosos son hermandades cristianas, de gente sencilla, cuyos miembros han hecho una promesa a la Virgen, de pertenecer a estas cofradías, la mayoría, por toda su vida, y acudir cada año a su fiesta Patronal acicalados con sus llamativas indumentarias y rendirle honores con sus alegres coreografías ensayadas durante, casi, todo el año. 
Son grupos compuestos, como mínimo, por veinte personas, que bailan al ritmo de tambores, cajas, platillos, pitos y trompetas. 
Los hay sólo masculinos: los ancestrales “Chinos” y Morenos, otros, con el tiempo, incorporaron a las damas: Turbantes y Danzantes; algunos totalmente femeninos: Kullacas, Gitanas y la mayoría mixtos: Chunchos, Diabladas e Indios. 
Las influencias foráneas han sido inevitables, porque, con el tiempo, han aparecido distintos conjuntos que representan a indígenas norteamericanos: Sioux, Plumas rojas, Comanches, Cheyennes y Apaches. 
Las diferencias entre ellos: vestimenta, colores, música, ritmos y desplazamientos, así como también la utilería que portan: arcos, flechas, lanzas, matracas y hachas. 
Bailan ordenados en filas, de mayor a menor estatura, con un jefe que se identifica por su ropaje y es quien da las órdenes, por medio de pitazos, para los cambios de ritmos, desplazamientos y posiciones. 
A cada grupo le precede su estandarte con el nombre, origen y fecha de fundación, escoltados por banderas chilenas. 
El acompañamiento musical es monótono, reiterativo e interminable; pero muy estimulante, contagiante y cargado de la energía de estos gimnastas de la Virgen, porque para ser “Chino”, hay que tener un estado físico óptimo. 
El día de la fiesta patronal se baila, por turnos, frente a la Iglesia, desde la madrugada hasta la noche. El momento más álgido, en el día de la Fiesta, es la solemne Procesión, cuando despliegan todas sus fuerzas homenajeando a su Patrona. 
Al final, mientras la Virgen regresa a su sitio en el Templo, se despiden cantando sus décimas a lo divino, flameando banderas, elevando pañuelos y haciendo sonar sus instrumentos. 
El resto de los fieles se une en un emocionado aplauso cerrado. 
La imagen queda a la espera que los “Chinos” vuelvan el próximo año. 
Este despliegue de coloridos bailarines religiosos es similar, año a año, en los Santuarios de Andacollo, La Tirana, La Candelaria, Sotaquí y otros.
Bailamos para divertirnos, relajarnos, como expresión artística, ejercicio, terapia o rito religioso. Hay bailes lentos, rítmicos, febriles, cadenciosos o delirantes, pero el más hermoso de ellos es el que, junto con deleitar al hombre, también alaba a Dios y a la Virgen.

sábado, 1 de octubre de 2011

COMBARBALITA







Piedra ornamental semipreciosa procedente de Combarbalá, en la región de Coquimbo, Provincia de Limarí, Chile, una ciudad de, aproximadamente, seis mil habitantes, que tiene, entre sus principales atractivos turísticos al Observatorio astronómico Cruz del sur, el Santuario de la Virgen de la piedra y la original, variada y bella artesanía confeccionada con esta roca emparentada con el mármol. Está emplazada a 904 msnm, distante a 500 km. de Santiago y a 134 Km. de Ovalle.
Esta roca es única en el mundo, de particular belleza, producida por una alteración de materiales de origen volcánico, ocurrida hace, alrededor de, ochenta millones de años. 
También se la puede definir como piedra volcánica, fuertemente alterada por una mezcla heterogénea de diversos minerales en cantidades variables. 
Presenta coloraciones blancas, pardas rojizas, rosadas, marrones, azules, verdes turquesa, en distintos tonos, y grises; posee un brillo ceroso a graso y un aspecto translúcido a opaco. En su composición también se encuentran presentes, en menor cantidad: arcilla, cuarzo y los óxidos de cobre y plata. Su dureza, aproximada, está entre el yeso y la piedra caliza, lo que significa que se puede rayar, cortar, moldear e incluso tallar y pulir. 
Era explotada desde tiempos prehispánicos por los pueblos Diaguita y Molle, quienes fabricaban utensilios para uso doméstico y decorativo.
Por muchos años no tuvo nombre y los lugareños la denominaron con diferentes calificativos. Históricamente los nombres de los minerales surgen, por lo general, por términos asociados a diversos aspectos como: el color, el lugar de origen o un nombre propio. En el caso de éste, con el propósito de promocionar y hacer conocido el territorio originario, se le dio el nombre de Combarbalita.
Desde el 22 de noviembre de 1993, mediante el decreto 252 del Ministerio de Minería, es la piedra oficial de Chile, reconocimiento que destaca tanto sus características, así como toda la estructura humana y material que acompaña a la elaboración de su artesanía.
El arte, la creatividad y las hábiles manos de los Artesanos transforman esta piedra en una gran variedad de originales utensilios destinados al uso doméstico, como: vasos, copas, bandejas, ceniceros, servilleteros y joyeros; también una infinidad de artículos religiosos: crucifijos, vírgenes, rosarios, candelabros y cruces; diversos adornos: reproducciones de Iglesias, animales nativos, tableros de ajedrez; y joyas: pulseras, anillos, collares, prendedores y medallas. 
También es utilizada en la Construcción como revestimiento en muros exteriores e interiores, chimeneas y escaleras, así como en esculturas de particular belleza. Cada una de estas piezas tiene el sello de ser absolutamente exclusiva, porque es muy difícil, inusitado y sorprendente, encontrar una piedra similar a otra en color, veta y diseño.
En esta pequeña localidad casi todo gira en torno a la Combarbalita, ya sea en su extracción, producción de artesanías y su comercialización. La variedad de artículos es impresionante, la originalidad de los Artesanos, asombrosa y los usos de esta excepcional materia prima no tienen límites.
Una artesanía digna de admirar, que ha traspasado fronteras y le ha proporcionado identidad a la zona.

jueves, 1 de septiembre de 2011

SUPERSTICIONES (I)

Una superstición es la creencia que un determinado fenómeno, situación u objeto trae consigo buena o mala suerte, basado en algo místico, oculto y mágico o simplemente asumido cultural y socialmente sin ningún tipo de demostración científica. A continuación, un listado de las más comunes y su origen histórico:

* ABRIR EL PARAGUAS DENTRO DE UNA CASA: Trae mala suerte. El origen de este temor se remonta a la época en que los reyes orientales y africanos lo usaban sólo a modo de sombrilla para protegerse de los rayos solares. Debido a su conexión con el astro rey y porque también su forma simboliza el disco solar, abrirlo en un lugar sombreado, fuera de los dominios del sol, era considerado un sacrilegio. Es probable que la superstición se reforzara cuando los paraguas, sólo de color negro, llegaron a Europa y empezaron a ser empleados casi exclusivamente por los Sacerdotes en oficios de difuntos o en el Cementerio, sin otro fin que protegerse de las inclemencias del tiempo.
* APAGAR LAS VELAS DE UN SOPLIDO: Fue en la Baja Edad Media alemana donde surgió la idea de colocar en las tortas de cumpleaños tantas velas como años se cumplían. Para dejar atrás los años pasados y comenzar los siguientes con buena suerte, se debían apagar todas las velas, de un solo soplido, junto con pedir tres deseos. En los últimos tiempos, sobre la torta, se colocan sólo tres velas, que simbolizan el pasado, el presente y el futuro.
* CACTUS: Una creencia popular afirma que esta planta aleja el mal de la casa. Su gran capacidad para absorber la humedad del ambiente lo convierte en un poderoso protector contra los espíritus malignos, que necesitan la humedad para desarrollarse. La costumbre de colocarlos en puertas y ventanas, proviene de la creencia que si los espíritus encuentran agua a su paso, pueden ahogarse al cruzarla y quedar así retenidos en ese sitio.
* CHOCAR LOS VASOS EN UN BRINDIS: Se brinda en ocasiones especiales de alegría, unión y buenos deseos. Los romanos decían que, para que sea completo, en un brindis deben estar involucrados los cinco sentidos, como ya estaban presentes el gusto, el tacto, el olfato y la vista, faltaba el oído, entonces se agregó el choque de las copas. Otra versión dice que el golpe era para espantar a los malos espíritus, porque la embriaguez era atribuida al mismísimo demonio. Y una tercera dice que los romanos chocaban los vasos para evitar el envenenamiento, porque de ese modo se salpicaba vino en la copa del otro (en esa época los vasos eran de plomo). Cuando brindamos y decimos “Chin-Chin”, utilizamos la onomatopeya del sonido que producen dos copas de cristal al chocar entre si.
* CRUZAR LOS DEDOS: Cuando se formula un deseo, se dice una mentira o se encuentra uno ante un peligro inminente, es costumbre cruzar los dedos, concretamente el mayor sobre el índice. Antes de la era cristiana, existía la costumbre que dos personas enlazaran sus dedos índices formando una cruz para expresar un deseo; una apoyaba a la otra mentalmente para que éste se cumpliera. La cruz, en la era pre cristiana, siempre ha sido el símbolo de perfección y en su unión residían los espíritus benéficos. La práctica se ha ido simplificando hasta nuestros días, donde se da por válido que sólo cruzando los dedos trae buena suerte.
* DECIR SALUD AL ESTORNUDAR: Los egipcios y griegos creían que este mecanismo de defensa del aparato respiratorio, era un augurio. Así, era bueno estornudar por la tarde, mientras que hacerlo al levantarse de la cama o de la mesa podía ser nefasto. Aquel que había estornudado al nacer era tenido por dichoso. El estornudo hacia la izquierda era un signo de mal agüero, si era hacia la derecha, era bueno. En todos los casos, los griegos exclamaban: ¡Vivid! y ¡Que Zeus te conserve! Por su parte, los romanos empleaban la expresión, ¡Salve!, ante tal circunstancia; y serían los primeros cristianos quienes sustituyeron la invocación a dioses paganos por el suyo. Se dice que durante una epidemia de peste que hubo en Roma en el año 591, bajo el pontificado de Gregorio I, los enfermos morían estornudando, y que de tal circunstancia proviene el ¡Dios te bendiga!, que más tarde se simplificaría diciendo ¡Salud!, ¡Jesús! o expresiones semejantes. Los norteamericanos dicen: “Bless you” (bendito). Con el tiempo, la exclamación ante un estornudo, dejó de tener una connotación negativa y pasó a ser considerada un acto de cortesía.

SUPERSTICIONES (II)

...y sobre el hombro, para la buena suerte.

* DEJAR LAS TIJERAS ABIERTAS: Este instrumento debe permanecer cerrado mientras no se usa porque trae la mala suerte. Si cae al suelo y queda con las puntas abiertas apuntando a la persona, se debe recoger, cerrar y echar sal por encima del hombro izquierdo para ahuyentar los malos espíritus. En Grecia se creía que la Moira Átropos cortaba con tijeras el hilo de la vida, así que, de alguna manera, los objetos cortantes dirigen el destino y son símbolos de muerte repentina.
* DERRAMAR VINO: Trae buena suerte y alegría. Cuando se vierte el vino en la mesa se debe aplicar en seguida un poco del mismo sobre la frente para atraer la buena suerte; si se trata de champaña se debe tocar con la punta de los dedos y pasarlo sobre el lóbulo de la oreja para conseguir una felicidad eterna. La causa de esta creencia, puede ser que el inicio del feto es el lóbulo de la oreja. Por ese motivo, al empaparlo en champaña se desea que nuestra vida se vea rodeada de toda clase de felicidad y dicha. Esta bebida espumosa también se suele romper contra los barcos en su botadura para desearles buena suerte en su travesía.
* DERRAMAR SAL: Según el Levítico, la sal es la alianza del hombre con Dios, por lo que se convirtió en símbolo de la amistad, de ahí la creencia de que si se derrama, ésta se romperá. La sal siempre fue imprescindible en una casa. Por su propiedad incorruptible, servía como antiséptico, para conservar alimentos, principalmente la carne y el pescado, al derramarse, estaba en peligro la alimentación de la familia. Para contrarrestar ese supuesto efecto maldito, se debe echar una pizca de la sal derramada sobre el hombro izquierdo. En la antigua Roma, una jornada de trabajo se pagaba con una bolsa de sal, de allí viene la palabra salario. Otros sustantivos que se originan por su composición o participación en su elaboración: salitre, salame, salchicha, salsa, salmuera, etc.
* EL GATO NEGRO: Aunque en Egipto se creía que el gato era la reencarnación de los dioses, siglos después, la Iglesia Católica lo consideró la reencarnación de Satanás, por lo que eran quemados. El negro se identificaba con el diablo por ser el color de la noche. En casi toda Europa y en Norteamérica se cree que un gato negro trae mala suerte si se aleja de ti, pero buena suerte si camina hacia ti. La leyenda de las 7 vidas (9 para los anglosajones) nace por la asombrosa habilidad que tienen, cuando caen, de girar el cuerpo en el aire y aterrizar en las cuatro patas…a salvo.
* ENCENDER TRES CIGARRILLOS CON EL MISMO FÓSFORO: Se cree que en una guerra (no se sabe con precisión cual, en ocasiones se habla de la Primera Guerra Mundial, en otras de la Guerra Civil Española) tres soldados encendieron sus cigarrillos con el mismo fósforo y el enemigo vio la llama del primero, apuntó en la del segundo y disparó sobre el tercero.
* HERRADURA: Según los griegos, el hierro (en forma de media luna) protegía de los hechizos, así que la herradura colocada en la puerta impedía la entrada del demonio, las brujas y el mal. Simboliza la fuerza del caballo y su enorme utilidad en las labores del campo y en las guerras. Tradicionalmente se creía que otorgaban más suerte las de los burros, porque tienen siete agujeros, un número mágico por excelencia. Ubicada por el lado derecho y en posición horizontal representa la C, inicial de Cristo.
* LEVANTARSE CON EL PIE IZQUIERDO: La tradición dice que, para que el día no se tuerza, al bajar de la cama, hay que apoyar en primer lugar el pie derecho. La respuesta a esta costumbre podría hallarse en el mundo de los pescadores, que durante el siglo XIX, ninguno de ellos, en su sano juicio, subía a bordo por babor, es decir, el costado izquierdo del barco, aunque resultara incómodo hacerlo por estribor. Parece ser que la superstición nace de la noción de que lo zurdo era antinatural, idea basada en que la mayoría de los seres humanos son diestros. Por regla general, todo lo que se refiere a la derecha es calificado de favorable, quizás alentados por la tradición bíblica, donde se expresa que el camino al Paraíso es hacia la derecha y es la posición en la que están sentados los elegidos de Dios. La izquierda representa el reverso de la moneda. Los romanos hacían presagios observando el vuelo de los pájaros: si volaban hacia el lado izquierdo era de mal agüero. De hecho, en latín, izquierda se dice sinester, que dio origen al adjetivo siniestro.
* MAL DE OJO: Tradicionalmente se ha creído que al reflejarse en la pupila de un ojo, podíamos quedar atrapados en ella. Por esto, desde la antigua Roma hasta la edad media, aquellas personas que tenían cataratas u otro defecto visual, a menudo eran sacrificadas en la hoguera. Grecia, Turquía y Egipto tienen muy extendida la creencia de que existen personas con poderes maléficos en la mirada; incluso, aunque sea de forma inconsciente pueden hacer daño si clavan sus ojos en algo, esto se atribuía a las brujas, los gitanos, los gafes y los bizcos y afectaba, principalmente, a los niños. Antiguamente se atribuía al mal de ojo todas las enfermedades desconocidas. Para protegerse había que llevar encima algo rojo, ajos, oro, plata, ojos de cristal azul, herraduras o santiguarse con sal.

SUPERSTICIONES (III)

* MARTES 13: Según la mitología griega, "Marte" es el Dios de la guerra, por lo cual el día martes está regido por el planeta rojo de la destrucción, la sangre y la violencia. La maldición del número trece tiene su origen en la última cena de Jesucristo con los doce apóstoles, cuando fue traicionado. Se cree que si se sientan a comer trece personas en una misma mesa, una de ellas morirá antes de un año. La leyenda dice que un día martes 13 se produjo la confusión de lenguas en la Torre de Babel. La creencia en el día de la semana varía: en Grecia, España y Latinoamérica se teme al martes 13; y en los países anglosajones al viernes 13, porque ese día Jesús fue crucificado
* PASAR DEBAJO DE UNA ESCALERA: Esta y otras supersticiones asociadas a las escaleras están relacionadas con el miedo al patíbulo. Antiguamente, debido a la gran altura que éste solía tener, había que usar una escalera de mano para colocar la soga en la posición correcta, así como para retirar después el cadáver del condenado. Cualquiera que pasara por debajo de la escalera corría el peligro de encontrarse con el muerto. La muerte y la escalera iban siempre muy unidas. Otra creencia proviene de los cuadros de la crucifixión, en los cuales figuraba una escalera bajo la cual Lucifer veía con furia cómo Jesús moría para salvar a la humanidad. De ahí la costumbre de santiguarse para preservarse de las furias del diablo o ahuyentar el peligro.
*LA PATA DE CONEJO: Los celtas creían que este animal pasaba tanto tiempo bajo tierra, que mantenía una comunicación secreta con el mundo subterráneo y disponía de información que a los seres humanos les estaba negada. Pero fue la fecundidad del conejo lo que contribuyó a dar, a ciertas partes de su cuerpo, relación con la buena suerte y la prosperidad. Poseer cualquier parte del conejo: la cola, una oreja o una pata, aseguraba la buena fortuna. La pata era usada como símbolo fálico capaz de hacer fértiles a las mujeres. Con la alta demanda de patas, a los que, realmente, les va mal con esta superstición, es a los pobres conejos.
* PONER LA ESCOBA AL REVÉS DETRÁS DE LA PUERTA: En realidad, en relación a esta superstición, no podemos decir si realmente es de buena o mala suerte. A las brujas siempre se las ha descrito subidas en una escoba para acudir a los aquelarres; de ahí que antiguamente se creyera que colocando una escoba en las puertas de una casa donde se sospechaba que había entrado una, ésta no resistiría la tentación de cogerla y salir volando. Si le llega una visita molesta, coloque una escoba invertida detrás de una puerta y el inoportuno (si es liviano de sangre) abandonará su casa.
* PONER LA MANO DELANTE DE LA BOCA AL BOSTEZAR: El gesto de taparse la boca cuando bostezamos no obedece a la intención de ser bien educado, esconder la dentadura o el deseo de no desparramar gérmenes, sino que tiene un significado más profundo y antiguo: En el libro “Superstitions of Ireland”, de Speranza Wilde, se puede leer que hacer la señal de la cruz delante de la boca al bostezar impedía que el diablo se introdujese en el cuerpo y estableciera en él su morada. Por esta razón, las madres cerraban la boca del bebé o le hacían la señal de la cruz cuando lo veían bostezar. De esta costumbre ancestral deriva el gesto actual de taparse la boca.
* ROMPER UN ESPEJO: Se dice que ocasiona siete años de maldición. El espejo era un elemento mágico de adivinación, por lo que si se rompía, mostraba una imagen aterradora del futuro. Siete años es el tiempo que, supuestamente, tarda una persona en recuperarse del maleficio.
* TIRAR MONEDAS A UN POZO O UNA FUENTE: Viene del antiguo rito adivinatorio de arrojar alfileres o piedras a un pozo, con el fin de saber si un hecho iba a suceder o no. Si al hundirse salían burbujas, significaba que lo que se había pedido iba a ser realidad.
* TOCAR MADERA: Un posible origen tiene que ver con los trozos que se conservaron de la cruz en la que Cristo fue crucificado. Otro, proviene de Estados Unidos, donde hace 4.000 años los indios veneraban al roble como morada de los dioses. Este material simboliza también la protección maternal y aleja el peligro.
* TREBOL DE CUATRO HOJAS: Es una variación infrecuente del trébol, que comúnmente tiene tres hojas. Trae buena suerte sólo si es encontrado accidentalmente. Era un símbolo sagrado para los Sacerdotes de las Islas Británicas, que ya en el año 200 a.C. pensaban que con él se podía ver a los demonios. Las cuatro hojas simbolizan: esperanza, fe, amor y suerte. Es considerado un símbolo mágico protector ante las malas vibras, la ruina económica y las dificultades que puedan destruir la relación entre dos personas. Según la leyenda, cuando Eva fue expulsada del Paraíso se llevó un trébol de cuatro hojas para que la protegiera de seres maléficos invisibles; por eso, desde entonces, se cree que trae buena suerte.

lunes, 22 de agosto de 2011

VALLE DEL ENCANTO (I)




Museo al aire libre, ubicado en la región de Coquimbo, Chile, distante a 24 km. de Ovalle, a 438 km. de Santiago y 112 km. de La Serena.
Se emplaza en el margen sur del río Limarí, al interior de una quebrada regada por el estero Punitaqui, en donde se pueden observar vestigios arqueológicos milenarios como: petroglifos, pictografías y piedras tacitas o morteros.
Fue descubierto en el año 1949 y declarado Monumento Histórico Nacional, en categoría Arqueológica, el 5 de febrero de 1973.
La denominación “Valle del encanto” es un nombre de fantasía impuesto por Julio Brossaín C., un ovallino soñador de la segunda mitad del siglo XX, quien se enamoró del bucólico paisaje y sus misteriosas expresiones artísticas, proponiéndose proteger, investigar e iluminar su desconocida existencia.
Recorrer este Parque Arqueológico es retroceder en el tiempo y el espacio, y al contemplar la variedad de Arte Rupestre, tallado bajo relieve sobre roca firme, es posible imaginar el estilo de vida de sus habitantes, su trabajo agrícola y ganadero y sus ceremoniales sagrados. 
Era un lugar donde concurrían cazadores y pastores, atraídos por sus excelentes condiciones climáticas y, fundamentalmente, por la existencia permanente de agua en la quebrada, incluso en años de sequía.
En la superficie de las grandes rocas se pueden observar petroglifos de variados tamaños, cuyo principal elemento decorativo es la figura humana estilizada, en especial, las cabezas-tiara: representaciones de contorno circular o cuadrangular de rostros provistos de grandes atavíos cefálicos, que han sido interpretados como máscaras. Los rasgos faciales se señalan con círculos; los ojos, nariz y cejas con líneas y la boca, sencillamente, no se dibuja. 
La presencia de dibujos de la fauna local es escasa. 
Este conjunto de elementos ha permitido a los Arqueólogos definir a este género de Arte Rupestre como: "Estilo Limarí".
Estudios e investigaciones posteriores han permitido determinar que fue habitado hace casi 4.000 años, por distintas poblaciones y grupos de cazadores y recolectores de cierta tradición costera, entre las que se destacan las culturas Molle y Diaguita, con fuerte influencia Incaica.
Las pictografías no son muy numerosas y, notoriamente, abunda el color rojo. Presentan una temática geométrica de líneas onduladas o quebradas, desvinculadas de las figuras antropomorfas de los petroglifos.
Existe una gran cantidad de rocas con perforaciones, llamadas tacitas o morteros, las que, se cree, fueron utilizadas para machacar alimentos, preparar pinturas y contener sangre de animales en sacrificios rituales chamánicos. Existen en gran variedad y se presentan en tres tipos: cupuliforme, elipsoides y cuadrangulares. Tienen un diámetro que varía entre 10 y 15 centímetros y la profundidad de la excavación oscila entre 4 y 8 cms. Por su ubicación se cree que son contemporáneas a los petroglifos y pictografías. Respecto de los estilos representados, los expertos señalan que están estrechamente vinculados a la actividad mágico religiosa. Se observan expresiones rituales, asociaciones espaciales y peticiones de ayuda sobrenatural, de manera especial para las actividades agrícolas y ganaderas.