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martes, 1 de julio de 2014

EL PIMIENTO

   



Pertenece a las especies arbóreas del género Schinus. Se le conoce como: Molle, Pimiento boliviano o Falso pimiento. 
Es originario Bolivia, Brasil, Uruguay y de la Mesopotamia Argentina. Se distribuye, principalmente, desde Perú hasta el noroeste de Argentina y Chile. También es posible encontrarlo en México, España y algunos países de África.
Es un árbol generoso, proporciona buena sombra, su tronco es de madera resinosa que, al secarse, arde fácilmente.
Se utiliza como especie ornamental y de sombra en parques, jardines y avenidas. Sus hojas, profundamente divididas y péndulas, le otorgan una belleza especial, semejante a un sauce llorón.
Crece en suelos áridos y salinos, con fuerte insolación, es resistente a la sequía y poco tolerante al exceso de riego. Sufre con las heladas, soporta bien la poda y rebrota con facilidad.
Es también, ampliamente, utilizado por la medicina tradicional: a su corteza y resina se le atribuyen propiedades tónicas, antiespasmódicas y cicatrizantes.
Sus frutos frescos, en infusión, se toman contra la retención de orina. Las hojas hervidas y los baños con el agua de las hojas, sirven como analgésico, cicatrizante y antiinflamatorio de uso externo. Las hojas secas expuestas al sol se usan como cataplasma para aliviar el reumatismo y la ciática.
Las hojas y las flores también son  utilizadas como cataplasmas calientes contra el reumatismo y otros dolores musculares, así como en infusiones junto con hojas de eucalipto, y en inhalaciones, son usadas para el alivio de afecciones bronquiales.
Con el fruto  molido y fermentado en una vasija de greda, se preparaba la chicha de molle, una bebida alcohólica precolombina.
Como especie arbórea es profusamente utilizada en la reforestación de áreas desérticas. En el norte de Chile, al pimiento se lo planta, fundamentalmente, para proporcionar sombra

domingo, 1 de junio de 2014

NUESTROS PUEBLOS



Nombres y significados de localidades de nuestra región, la mayoría derivados del quechua y mapudungun.

AMOLANAS: Lo que se dice
CAMARICO: Prepararse para un viaje
CARACHILLA: Carroña
CARÉN: Estar verde
CHALINGA: Donde saludando se pide permiso
CHAÑARAL: Sitio de algarrobos
CHIGUALOCO: Neblina de agua de mar
COGOTI: Agua salobre
COLLIGUAY: Olivillo rojo
COQUIMBO: Lugar de aguas tranquilas
EL PALQUI: Arbusto conocido
HUACHALALUME: Valle de la luna
HUALLILLINGA: Roble detrás del cerro
HUAMALATA: Parapeto nuevo
HUAMPULLA: Calabaza grande
HUANA: Estercolero
HUANTA: Desde lo alto
HUATULAME: Panza de lobo marino
HUENTELAUQUÉN: Sobre el mar
ILLAPEL: Barro extenso
LA CHIMBA: El lado opuesto
LIMARÍ: Lo que rueda
MANQUEHUA: Morada de cóndores
PACHINGO: Lugar de poca agua
PANULCILLO: Apio del monte
PICHASCA: Barrido
PICHIDANGUI: Pequeña balsa
PUNITAQUI: Camino desgreñado
QUILES: Hierva vinagre
QUILITAPIA: Agüero de la luna
RAPEL: Greda negra
RECOLETA: Lugar apartado y solitario
SALALA: Enamorados
SOCOS: Empaparse, mojarse
SOTAQUÍ: Muy extenso
TALCA: Trueno
TALHUÉN: Arbusto espinoso
TALINAY: Verter, derramar agua
TAMAYA: Echar a perder, arruinar
TONGOY: Rueda que gira, rodar
TULAHUÉN: Lugar de garzas
TUQUÍ: Bullicioso

martes, 13 de mayo de 2014

EL CORRIDO

Es un género musical mexicano, que narra historias de personajes reales y/o míticos, con el fin de rendirles homenaje o demostrarles admiración y respeto. 
El término "Corrido” viene de la cultura andaluza, que denominaba así a los romances tradicionales, aunque el mexicano tiene características propias de la nación desde sus inicios.
Nace a principios del siglo XIX durante la época de la independencia del país de los mariachis y ganó mucha popularidad durante la Revolución Mexicana (1910-1920) cuando se relataban aventuras y desventuras de opresores, revolucionarios y líderes.
Nunca han dejado de ser populares y continúan narrando tribulaciones sentimentales, dramas familiares y problemas más cercanos como la inmigración, ya que hoy, en vez de cantar sobre líderes revolucionarios, se cuentan historias de héroes anónimos que mueren intentando cruzar la frontera hacia los Estados Unidos.
Otro tema popular del Corrido actual es el narcotráfico, a los que se les da el nombre de “Narcocorridos”, que tienen mucha influencia de la música norteña, la cual incorpora el acordeón y es inspirada por valses y polkas. 
Tradicionalmente era una música de zonas rurales pero, recientemente, se hicieron populares en las urbes mexicanas y estadounidenses. 
Según Elijah Wald, autor del libro “Narcocorrido”, en los años 90, más de dos tercios de los discos de música latina que se vendían en Estados Unidos eran de Narcocorridistas mexicanos y la ciudad de Los Ángeles (USA) se convirtió en epicentro del género. 
Después de la muerte del narcocorridista “Chalino” Sánchez en 1992, algunos comenzaron a criticar estos temas,  porque representaban una actividad violenta e ilegal. De hecho, en 2002, durante el gobierno de Vicente Fox, fueron prohibidos en algunas Radios, sobre todo en el norte y centro del país, como una medida para erradicar la violencia creciente en estas regiones. Sin embargo, siguen siendo populares hoy en día y tienen seguidores bastante fanáticos.
En nuestro país, desde los años 30, cuando comenzaron a llegar las películas mexicanas, cargadas de Corridos, Rancheras y Tonadas, se generó, sobre todo en las zonas rurales, una gran simpatía por la música mexicana, tal vez por la similitud de la idiosincrasia del charro mexicano y el huaso chileno, quienes se identifican con las mismas vivencias, aventuras y pesares.
En Ovalle, siempre ha sido muy popular la música mexicana  en bares, restaurantes y fuentes de soda, así como en las Radios hay programas dedicados, exclusivamente, a la música de México lindo y querido. Tampoco falta en las fiestas del campo el baile de un Corrido mexicano, al que se le llama “trote’e chancho”, bailado como corresponde: a potito parado.
A continuación,  uno de los corridos más populares, desde siempre, difundido por nuestra emblemática Radio CA62 Norte verde de Ovalle: 

JUAN CHARRASQUEADO

Voy a cantarles un corrido muy mentado, lo que ha pasado allá en la hacienda de la flor, la triste historia de un ranchero enamorado, que fue borracho parrandero y jugador. 
Juan se llamaba y lo apodaban charrasqueado, era valiente y arriesgado en el amor, a las mujeres más bonitas se llevaba, de aquellos campos no quedaba ni una flor. 
Un día domingo que se andaba emborrachando, a la cantina le corrieron a avisar: “Cuídate Juan que por ahí te andan buscando, son muchos hombres no te vayan a matar”. 
No tuvo tiempo de montar en su caballo, pistola en mano se le echaron de a montón, y les gritaba estoy borracho y soy buen gallo, cuando una bala atravesó su corazón.
Creció la milpa con la lluvia en el potrero y las palomas van volando al pedregal, bonitos toros llevan hoy al matadero, que buen caballo va montando el caporal. 
Ya las campanas del santuario están doblando, todos los fieles se dirigen a rezar, y por la sierra los rancheros van bajando, a un hombre muerto que lo llevan a enterrar. 
En una choza muy humilde llora un niño, y las mujeres le aconsejan y se van, mientras su madre lo consuela con cariños, mirando al cielo llora y reza por su Juan. 
Aquí termino de cantar este corrido, de Juan ranchero pendenciero y burlador, que se creyó de las mujeres consentido y fue borracho parrandero y jugador. 

miércoles, 30 de abril de 2014

EL CAFÉ





El cafeto es un arbusto de hojas lustrosas y alargadas, con flores parecidas a las del jazmín. Seis meses después del florecimiento, aparecen racimos de color verde intenso,  que, en el proceso de maduración, se tornan rojos. Su origen se sitúa en el noreste de África, en Etiopía. Al parecer, desde época muy antigua el hombre masticaba café por los efectos estimulantes que generan una sensación de bienestar. Tres leyendas explican el origen de su uso como bebida: 
  • Un joven y apuesto curandero llamado Alí, trabajaba en el mercado de Gondar, en el África Oriental. Un día, la princesa Jazmín, hermosa hija del Rey, pasó por el mercado, las miradas se cruzaron; Alí y la princesa quedaron enseguida enamorados. Por supuesto que el Rey no aprobó esa relación. Ordenó apresar al joven y lo desterró. El pobre Alí comprendió que sólo con un regalo excepcional tendría alguna oportunidad de conquistar a su amada Jazmín.  Durante tres años buscó qué ofrecer al monarca. Para no quedarse dormido, comenzó a tomar una infusión que había descubierto, casualmente, cuando unas bayas de un arbusto cercano cayeron en un jarro donde hervía agua. Alí estaba a punto de desfallecer, cuando una noche comprendió que ese era el regalo que buscaba. Alí llevó su bebida al sultán, y este quedó tan complacido que, en recompensa, le otorgó al muchacho la mano de Jazmín.
  • Otra tradición dice que un pastor de cabras abisinio llamado Kaldi descubrió las cualidades del café, cuando vio que los animales que cuidaba se llenaban de energía al comer los granos de un arbusto silvestre. Kaldi saboreó los frutos del arbusto y experimentó efectos de euforia. Llevó algunas bayas al convento de Kaffa y las presentó a un monje. El religioso inició con Kaldi una serie de experimentos, entre los cuales estuvo la preparación de una infusión, que en un principio resultó bastante horrible. Un afortunado accidente puso algunos granos en el fuego: un aroma delicioso los hizo comprender que la bebida mejoraría enormemente si los granos se tostaban antes de preparar la infusión.
  • Una tercera leyenda viene de Arabia y le concede al café un origen divino. Un día en que Alá vio a su profeta Mahoma atribulado por los muchos problemas que afrontaba, le envió al arcángel Gabriel con un regalo que lo animara y le diera consuelo: una bebida “negra como la piedra negra de la Kaaba”.

sábado, 8 de marzo de 2014

HIPOCONDRIACO

Hay personas que nunca se sienten bien, continuamente les duele algo o están a punto de caer en un deplorable estado de salud. Se auto fabrican dolores de cabeza, resfríos o alergias. Su conversación gira en torno a dolencias, médicos y farmacias. Tienen un perfil alarmista, sombrío y autodestructivo. Pareciera que poseen una neurona maniática que les transmite falsas alarmas de inminentes mareos, ahogos y espasmos.
No es difícil toparse con ellos, porque en la casa, en el trabajo o entre los amigos, siempre hay uno que, constantemente, tortura al resto con lamentos oscuros, llantos de plañidera cesante y auto predicciones de padecimientos irreversibles. Están, eternamente, a punto de morir de algo y, si no es a causa de un virus, tumor o cáncer, sin ninguna duda, los aplastará un muro en un terremoto, se ahogarán en un tsunami o serán víctimas de un atentado terrorista…son los Hipocondriacos.
La característica esencial de esta dolencia crónica, es la preocupación, obsesión, miedo o la firme convicción de padecer una gravísima enfermedad, mediante un autodiagnóstico, a partir de un simple escalofrío, estornudo o un granito que les aparezca en el cuerpo. Puede ocurrir, por ejemplo, con lunares, pequeñas heridas, toses, incluso latidos irregulares del corazón, movimientos involuntarios, o sensaciones físicas no muy claras, no importa, a ellos les basta verse pálidos, para auto diagnosticarse una anemia aguda y que necesitan, urgente, una transfusión.
Viven en un escenario apocalíptico y están, constantemente, sometidos a un análisis minucioso, preocupado y obsesivo, de sus funciones fisiológicas básicas, pensando en ellas como fuente segura de una enfermedad crónica, que los llevará, irremediablemente, a la tumba.
Tienen programado el reloj para recordarles que, cada segundo, minuto u hora, deben tragar grageas, echarse gotas o medirse algún nivel de algo. Con esa actitud condicionan, negativamente,  todo su entorno: pareja, familia, amigos, vecinos y compañeros de trabajo. Nunca les cae la teja que es imposible que, estando tan enfermos, como ellos dicen, puedan conducir un vehículo, caminar por la calle y trabajar todo el día.
Hasta los médicos se cansan de ellos, porque, a pesar que, en minuciosos y repetidos análisis, radiografías y scanner, no les hayan encontrado nada, acuden al Colegio Médico en pleno, en búsqueda de una cuadragésima octava opinión, que les diga lo que quieren escuchar: usted está muy enfermo, en etapa terminal, ya no hay nada que hacer, sólo rezar.
La hipocondría la pueden sufrir individuos de cualquier edad, sexo, raza o nivel socioeconómico; también la padecen famosos o ignotos, moros o cristianos, de derecha o izquierda, nadie se salva
Hay que amarlos, comprenderlos y poseer la calma, paciencia y equilibrio de un monje tibetano para convivir con ellos y no estrangularlos, porque, en serio, llegan a ser enervantes, inaguantables y caros: se gastan una fortuna en consultas, análisis y remedios. No viven ni dejan vivir, no disfrutan ni dejan disfrutar de nada a los de su entorno, porque están, siempre, en inminente estado de caer muertos a causa de una corriente de aire.
Una de las herramientas actuales más nefastas para ellos es internet (ahora que los buscadores se han verbalizado y todo se “googlea”), porque buscan en el universo de la red y encuentran un millón ochocientas mil cuatrocientas tres páginas de: “Doctor chapucero on line”, “Su médico charlatán” o “Consejos de la Machi” y llenan foros con Nicks, como: “Abatido”, “Agonizante” o “Cadáver viviente”, describiendo síntomas y esperando recibir una respuesta satisfactoria (aunque, en la mayoría de los casos, estos farsantes sólo quieren venderles un producto, no le solucionan los problemas a nadie y rematan con el clásico consejo: “Para mayor y amplia información, consulte a su médico”)
Si van al Psiquiatra, terminan peor con pastillas para dormir, ansiolíticos  y antidepresivos, manteniéndolos dopados, dando vueltas por la casa como zombi de película muda.
Si tiene a un hipocondriaco cerca, no se burle de él, no lo estrangule ni lo discrimine, sencillamente, mándelo donde un Psicoanalista. La humanidad se lo agradecerá.

sábado, 1 de febrero de 2014

MUDANZA

Mudarse es un acontecimiento complicado, trabajoso y estresante. Una vez tomada la decisión, voluntaria u obligatoria, y con fecha definida, lo primero que se experimenta es esa fatídica sensación de sentimientos encontrados: enormemente feliz y ostensiblemente angustiado por la partida.  
Luego, viene la prepartum depression que hace caminar en silencio y con lentitud  por toda la casa, dando lánguidas miradas de cordero degollado a muebles, cuadros y libros, entrar al dormitorio, abrir el clóset y exclamar: ¿Dónde voy a meter toda esta ropa? ¡Si sólo tengo dos maletas!, ¿Me deshago de todo? ¿Selecciono lo esencial? ¿Qué cresta hago?...
Cuando se habita en un lugar por un tiempo considerable, se adopta un ritmo de vida y costumbres, que, con el tiempo, se van enraizando, constituyéndose en una insoslayable rutina: personas, clima, ciudad, barrio, edificio, casa, lugar de trabajo, rutas para ir y regresar, colegios, supermercado, farmacia, hospital, estación de servicio, restaurantes, en fin, elementos que contribuyen a que se viva con certidumbre y que se experimente una axiomática estabilidad. 
Cuando uno se muda, rompe, bruscamente, con todo aquello y debe hacer un enorme esfuerzo físico, psíquico, emocional, y sobre todo económico, para comenzar, todo, de nuevo.
Si la mudanza es a otra ciudad, dentro del territorio nacional, los enseres se pueden empacar en cajas de cartón corrugado, sellarlos con cinta de embalaje y atarlos con hilo plástico. Se deberá utilizar un servicio de transportes, dejando lo esencial para llevar consigo en auto,  bus o avión.
Si se tiene que salir del país, a los diplomáticos, les trasladan la casa entera, con perra faldera neurótica incluida, sin costo alguno, pero uno, perteneciente a la clase media emergente, se tiene que limitar a introducir su vida en una escuálida maleta con 23 kg y un bolso de mano que no supere los 8 kg, para no pagar sobrepeso, por lo tanto, del clóset, con suerte, sale seleccionado un tercio de ropa, zapatos y accesorios.
Es necesario publicar un aviso en el Periódico, con el encabezado: POR VIAJE VENDO, para deshacerse de: auto, muebles, cuadros y libros,  reduciendo todo a dinero, para poder comprar lo necesario en el nuevo destino. Macetas con hiedras carne’perro, adornos kitsch y electrodomésticos que no funcionan, no los compra nadie, por lo tanto, tenemos las siguientes alternativas: regalarlos a familiares, a un amigo cachurero o llamar a los Traperos de Emaús.
En una mudanza, habitualmente, sucede: Algo se rompe: por más cuidadoso que uno sea empaquetando espejos, vajilla o cacharros de Pomaire, lamentablemente, en algún momento, queda la cagá. Algo se pierde: en medio de la anarquía que se ha convertido tu casa, con tanta caja y diarios por doquier, cajones abiertos y basura dispersa, hay algo que, misteriosamente, desaparece en el Triángulo de las Bermudas. Algo se encuentra: unas llaves, la garantía de la lavadora y un billete de diez lucas, que estuviste, meses, buscando como aturdido, habiéndole hecho, incluso, una manda a san Guchito para que aparecieran.
Es de gente decente dejar todo limpio, encerado, y ojalá pintado, para que el arrendatario o nuevo dueño, no se encuentre con un basural, muros manchados u olores desagradables.
El día de la partida, cuando el Departamento se ve amplio, pulcro y acogedor, como aviso de Casas&Cosas, se da la última mirada al lugar que fue tu espacio, embajada y refugio en días buenos y malos, sano y enfermo, y en periodos de vacas flacas y gordas; es el momento de dar vuelta la página y proyectar las expectativas hacia lo que viene: conocer otras personas, respirar nuevos aires, llenar la retina de paisajes diferentes y oler aromas distintos.
Mudarse es concluir un capítulo de la vida y prepararse para escribir el próximo. Quien se cambia de lugar tiene la posibilidad de escuchar canciones inéditas, probar vinos de última cosecha y estrenar un mañana sin errores. Mudarse, a cualquier edad, es ser afortunado, porque en el nuevo destino está la posibilidad de reinventarse, cambiar empaque y relanzarse, totalmente metamorfoseado, energizado y vigente.

-Chao, suerte. -Que te vaya bien. -Que tengas buen viaje. -Llama y escribe de vez en cuando. -No te olvides de nosotros. -Te esperamos para las vacaciones. -Te iremos a visitar. -Te quiero mucho.

miércoles, 1 de enero de 2014

REUNIÓN DE EX ALUMNOS

Organizar reuniones de CONDISCÍPULOS (no utilizo el término compañeros, para que, los momios susceptibles, que aún sobreviven, no me cataloguen de roto upeliento) de estudios primarios, secundarios o terciarios, se puso de moda hace algunas décadas. La idea es juntarse, luego de algunos años, con el objetivo de rememorar tiempos del “Jurassic Park”.
Hay compadres que han egresado del Colegio o Universidad y no se han visto nunca con sus CAMARADAS (insisto, no me rotulen de bolchevique por usar este sinónimo). Algunos se cruzaron por ahí, fortuitamente, en circunstancias puntuales: el desfile de las Cantineras solteronas de la Guerra del Pacífico, una marcha en apoyo a la ley del té verde (el que no toma, pierde) o en el estreno de “Avatar” 3D; pero, el asunto no llegó más allá de un: “-Hola, ¿Cómo estai? –Bien, ¿y tú? -Bien, poh…”. Esta carencia de feelings, es generada por diversos motivos: estudio y/o trabajo lejos de la ciudad de origen de los susodichos, ascenso o descenso de nivel socioeconómico, estado civil (soltero letal, gay asumido, casado resignado, conviviente urgido, divorciado vulnerable o viudo en búsqueda), exilio por prescripción militar o autoexilio en el extranjero, situación de relegado en una isla perdida, cumplimiento de condena en una cárcel nacional o foránea, defunción natural, misteriosa o trágica, pero, la razón fundamental es que estos tipos vivieron su etapa estudiantil en permanente estado de matonaje: se odiaron, descalificaron y envidiaron con tanta furia, que no les quedaron ganas de verse por el resto de sus días (en todo caso, ningún gobierno, democrático ni autoritario, ni la santa madre Iglesia, dictaron jamás una ley, bando o mandamiento, que obligara a un ciudadano común, silvestre y penitente, a terminar siendo amigo de cuanto huevón haya compartido su misma sala de clases).
Otros personajes más decentes, en cambio, (aunque nunca la totalidad del curso) cimentaron, alimentan y mantienen un vínculo, que los congrega con frecuencia o esporádicamente: se llaman y visitan, intercambian memes y minas piluchas por Facebook, se saludan en los cumpleaños, se juntan, juegan una pichanguita, luego comen, chupan y canturrean, se fotografían abrazados, cocidos y sonrientes, luciendo dignas calvicies y prominentes poncheras, o sea, lograron ser buenos AMIGOS. Pero, son los menos.
Asistir a una reunión de ex alumnos es una travesía lánguida por estaciones pretéritas, donde se reviven anécdotas hilarantes, traumas existenciales y se develan misterios. 
Uno ingresa al local, con su nombre en la solapa y con cara de “no sé qué hago aquí”, después de tantos años sin ver a la gallada. 
Es necesario un paneo para, entre cabellos grises, calvas lustrosas y barbas crecidas, reconocer a alguien. De repente, se te acerca un obeso mórbido, con anteojos poto de botella, que te abraza: - ¡Boquita! jajaja -¿Guatón Egaña? – Si poh, el mismo, apenas entraste, te caché al tiro, no has cambiado nada tú, ah?, los años no te achicaron el hocico, jajaja…- Ah, si, jajaja…guena la talla…guatón culiao.
La mayoría viste como político en campaña electoral: traje y zapatos lúgubres, camisa blanca y corbata chillona. Los que padecen el síndrome de Dorian Gray metrosexualizado, lucen cuerpos tallados a punta de gimnasio, la guata como una puerta, con look a lo Don Johnson, de “Miami Vice”, bronceados como vienesa a la parrilla y lentes oscuros hollywoodenses.
Al comenzar a interactuar, uno se da cuenta que ninguno quiere ser loser, la mayoría se ufana de un exitismo exacerbado. Hay exceso de apariencia, falsedad y ostentación: a todos les ha ido la raja, nadie ha fracasado en lo personal ni le han pegado una PLR en la pega, ninguno está en Dicom, ni ha sido demandado por violencia intrafamiliar ni ha estado preso, ni siquiera, por transgredir la ley de Murphy.
Los arribistas no se sacan de la oreja el último modelo BlackBerry, “twitean” como aturdidos y  presumen de todo: Audi del año, parcela de agrado, casa en la playa, perro pituco, que van de vacaciones afuera y que los calzoncillos Calvin Klein se los compran en la Vía Véneto, en Roma.
Cuando la conversación se amplía, comienzan a circular los chismes candentes: el porro del curso es ahora Diputado; el mijito rico terminó hecho mierda: guatón, pelado, sin dientes y sin mina; el que se perfilaba como delincuente (ese que copiaba en las pruebas) es Inspector PDI; el deportista bueno pa’la pelota fue jugador en segunda división y el alcoholismo genético le cercenó sus aspiraciones de ser vendido al Real Madrid.
Luego de la cena, con discursos latosos, aplausos por compromiso y sonrisas falsas, salimos, con los yuntas, a la terraza, a fumar y beber el último copete. Intercambiamos teléfonos, mails y decimos a coro: -¿Por qué cresta no nos juntamos antes?  Me quedo con esta postal: cuatro cuarentones, con el común denominador de haber compartido una sala de clases, en una relajada conversación sin apariencias ni falsedades ni ostentaciones. Por ellos, valió la pena asistir. 
Si me invitan a una próxima reunión, no voy ni amarrado. Guatón Egaña, ándate a la CTM!