sábado, 8 de marzo de 2014

HIPOCONDRIACO

Hay personas que nunca se sienten bien, continuamente les duele algo o están a punto de caer en un deplorable estado de salud. Se auto fabrican dolores de cabeza, resfríos o alergias. Su conversación gira en torno a dolencias, médicos y farmacias. Tienen un perfil alarmista, sombrío y autodestructivo. Pareciera que poseen una neurona maniática que les transmite falsas alarmas de inminentes mareos, ahogos y espasmos. No es difícil toparse con ellos, porque en la casa, en el trabajo o entre los amigos, siempre hay uno que, constantemente, tortura al resto con lamentos oscuros, llantos de plañidera cesante y auto predicciones de padecimientos irreversibles. Están, eternamente, a punto de morir de algo y, si no es a causa de un virus, tumor o cáncer, sin ninguna duda, los aplastará un muro en un terremoto, se ahogarán en un tsunami o serán víctimas de un atentado terrorista…son los Hipocondriacos.
La característica esencial de esta dolencia crónica, es la preocupación, obsesión, miedo o la firme convicción de padecer una gravísima enfermedad, mediante un autodiagnóstico, a partir de un simple escalofrío, estornudo o un granito que les aparezca en el cuerpo. Puede ocurrir, por ejemplo, con lunares, pequeñas heridas, toses, incluso latidos irregulares del corazón, movimientos involuntarios, o sensaciones físicas no muy claras, no importa, a ellos les basta verse pálidos, para auto diagnosticarse una anemia aguda y que necesitan, urgente, una transfusión.
Viven en un escenario apocalíptico y están, constantemente, sometidos a un análisis minucioso, preocupado y obsesivo, de sus funciones fisiológicas básicas, pensando en ellas como fuente segura de una enfermedad crónica, que los llevará, irremediablemente, a la tumba.
Tienen programado el reloj para recordarles que, cada segundo, minuto u hora, deben tragar grageas, echarse gotas o medirse algún nivel de algo. Con esa actitud condicionan, negativamente,  todo su entorno: pareja, familia, amigos, vecinos y compañeros de trabajo. Nunca les cae la teja que es imposible que, estando tan enfermos, como ellos dicen, puedan conducir un vehículo, caminar por la calle y trabajar todo el día.
Hasta los médicos se cansan de ellos, porque, a pesar que, en minuciosos y repetidos análisis, radiografías y scanner, no les hayan encontrado nada, acuden al Colegio Médico en pleno, en búsqueda de una cuadragésima octava opinión, que les diga lo que quieren escuchar: usted está muy enfermo, en etapa terminal, ya no hay nada que hacer, sólo rezar.
La hipocondría la pueden sufrir individuos de cualquier edad, sexo, raza o nivel socioeconómico; también la padecen famosos o ignotos, moros o cristianos, de derecha o izquierda, nadie se salva
Hay que amarlos, comprenderlos y poseer la calma, paciencia y equilibrio de un monje tibetano para convivir con ellos y no estrangularlos, porque, en serio, llegan a ser enervantes, inaguantables y caros: se gastan una fortuna en consultas, análisis y remedios. No viven ni dejan vivir, no disfrutan ni dejan disfrutar de nada a los de su entorno, porque están, siempre, en inminente estado de caer muertos a causa de una corriente de aire.
Una de las herramientas actuales más nefastas para ellos es internet (ahora que los buscadores se han verbalizado y todo se “googlea”), porque buscan en el universo de la red y encuentran un millón ochocientas mil cuatrocientas tres páginas de: “Doctor chapucero on line”, “Su médico charlatán” o “Consejos de la Machi” y llenan foros con Nicks, como: “Abatido”, “Agonizante” o “Cadáver viviente”, describiendo síntomas y esperando recibir una respuesta satisfactoria (aunque, en la mayoría de los casos, estos farsantes sólo quieren venderles un producto, no le solucionan los problemas a nadie y rematan con el clásico consejo: “Para mayor y amplia información, consulte a su médico”)
Si van al Psiquiatra, terminan peor con pastillas para dormir, ansiolíticos  y antidepresivos, manteniéndolos dopados, dando vueltas por la casa como zombi de película muda.
Si tiene a un hipocondriaco cerca, no se burle de él, no lo estrangule ni lo discrimine, sencillamente, mándelo donde un Psicoanalista. La humanidad se lo agradecerá.

sábado, 1 de febrero de 2014

MUDANZA

Mudarse es un acontecimiento complicado, trabajoso y estresante. Una vez tomada la decisión, voluntaria u obligatoria, y con fecha definida, lo primero que se experimenta es esa fatídica sensación de sentimientos encontrados: enormemente feliz y ostensiblemente angustiado por la partida.  
Luego, viene la prepartum depression que hace caminar en silencio y con lentitud  por toda la casa, dando lánguidas miradas de cordero degollado a muebles, cuadros y libros, entrar al dormitorio, abrir el clóset y exclamar: ¿Dónde voy a meter toda esta ropa? ¡Si sólo tengo dos maletas!, ¿Me deshago de todo? ¿Selecciono lo esencial? ¿Qué cresta hago?...
Cuando se habita en un lugar por un tiempo considerable, se adopta un ritmo de vida y costumbres, que, con el tiempo, se van enraizando, constituyéndose en una insoslayable rutina: personas, clima, ciudad, barrio, edificio, casa, lugar de trabajo, rutas para ir y regresar, colegios, supermercado, farmacia, hospital, estación de servicio, restaurantes, en fin, elementos que contribuyen a que se viva con certidumbre y que se experimente una axiomática estabilidad. 
Cuando uno se muda, rompe, bruscamente, con todo aquello y debe hacer un enorme esfuerzo físico, psíquico, emocional, y sobre todo económico, para comenzar, todo, de nuevo.
Si la mudanza es a otra ciudad, dentro del territorio nacional, los enseres se pueden empacar en cajas de cartón corrugado, sellarlos con cinta de embalaje y atarlos con hilo plástico. Se deberá utilizar un servicio de transportes, dejando lo esencial para llevar consigo en auto,  bus o avión.
Si se tiene que salir del país, a los diplomáticos, les trasladan la casa entera, con perra faldera neurótica incluida, sin costo alguno, pero uno, perteneciente a la clase media emergente, se tiene que limitar a introducir su vida en una escuálida maleta con 23 kg y un bolso de mano que no supere los 8 kg, para no pagar sobrepeso, por lo tanto, del clóset, con suerte, sale seleccionado un tercio de ropa, zapatos y accesorios.
Es necesario publicar un aviso en el Periódico, con el encabezado: POR VIAJE VENDO, para deshacerse de: auto, muebles, cuadros y libros,  reduciendo todo a dinero, para poder comprar lo necesario en el nuevo destino. Macetas con hiedras carne’perro, adornos kitsch y electrodomésticos que no funcionan, no los compra nadie, por lo tanto, tenemos las siguientes alternativas: regalarlos a familiares, a un amigo cachurero o llamar a los Traperos de Emaús.
En una mudanza, habitualmente, sucede: Algo se rompe: por más cuidadoso que uno sea empaquetando espejos, vajilla o cacharros de Pomaire, lamentablemente, en algún momento, queda la cagá. Algo se pierde: en medio de la anarquía que se ha convertido tu casa, con tanta caja y diarios por doquier, cajones abiertos y basura dispersa, hay algo que, misteriosamente, desaparece en el Triángulo de las Bermudas. Algo se encuentra: unas llaves, la garantía de la lavadora y un billete de diez lucas, que estuviste, meses, buscando como aturdido, habiéndole hecho, incluso, una manda a san Guchito para que aparecieran.
Es de gente decente dejar todo limpio, encerado, y ojalá pintado, para que el arrendatario o nuevo dueño, no se encuentre con un basural, muros manchados u olores desagradables.
El día de la partida, cuando el Departamento se ve amplio, pulcro y acogedor, como aviso de Casas&Cosas, se da la última mirada al lugar que fue tu espacio, embajada y refugio en días buenos y malos, sano y enfermo, y en periodos de vacas flacas y gordas; es el momento de dar vuelta la página y proyectar las expectativas hacia lo que viene: conocer otras personas, respirar nuevos aires, llenar la retina de paisajes diferentes y oler aromas distintos.
Mudarse es concluir un capítulo de la vida y prepararse para escribir el próximo. Quien se cambia de lugar tiene la posibilidad de escuchar canciones inéditas, probar vinos de última cosecha y estrenar un mañana sin errores. Mudarse, a cualquier edad, es ser afortunado, porque en el nuevo destino está la posibilidad de reinventarse, cambiar empaque y relanzarse, totalmente metamorfoseado, energizado y vigente.

-Chao, suerte. -Que te vaya bien. -Que tengas buen viaje. -Llama y escribe de vez en cuando. -No te olvides de nosotros. -Te esperamos para las vacaciones. -Te iremos a visitar. -Te quiero mucho.

miércoles, 1 de enero de 2014

REUNIÓN DE EX ALUMNOS

Organizar reuniones de CONDISCÍPULOS (no utilizo el término compañeros, para que, los momios susceptibles, que aún sobreviven, no me cataloguen de roto upeliento) de estudios primarios, secundarios o terciarios, se puso de moda hace algunas décadas. La idea es juntarse, luego de algunos años, con el objetivo de rememorar tiempos del “Jurassic Park”.
Hay compadres que han egresado del Colegio o Universidad y no se han visto nunca con sus CAMARADAS (insisto, no me rotulen de bolchevique por usar este sinónimo). Algunos se cruzaron por ahí, fortuitamente, en circunstancias puntuales: el desfile de las Cantineras solteronas de la Guerra del Pacífico, una marcha en apoyo a la ley del té verde (el que no toma, pierde) o en el estreno de “Avatar” 3D; pero, el asunto no llegó más allá de un: “-Hola, ¿Cómo estai? –Bien, ¿y tú? -Bien, poh…”. Esta carencia de feelings, es generada por diversos motivos: estudio y/o trabajo lejos de la ciudad de origen de los susodichos, ascenso o descenso de nivel socioeconómico, estado civil (soltero letal, gay asumido, casado resignado, conviviente urgido, divorciado vulnerable o viudo en búsqueda), exilio por prescripción militar o autoexilio en el extranjero, situación de relegado en una isla perdida, cumplimiento de condena en una cárcel nacional o foránea, defunción natural, misteriosa o trágica, pero, la razón fundamental es que estos tipos vivieron su etapa estudiantil en permanente estado de matonaje: se odiaron, descalificaron y envidiaron con tanta furia, que no les quedaron ganas de verse por el resto de sus días (en todo caso, ningún gobierno, democrático ni autoritario, dictó jamás una ley o bando, que obligara a un ciudadano común y silvestre a terminar siendo amigo de cuanto huevón haya compartido su misma sala de clases).
Otros personajes más decentes, en cambio, (aunque nunca la totalidad del curso) cimentaron, alimentan y mantienen un vínculo, que los congrega con frecuencia o esporádicamente: se llaman y visitan, intercambian memes y minas piluchas por Facebook, se saludan en los cumpleaños, se juntan, juegan una pichanguita, luego comen, chupan y canturrean, se fotografían abrazados, cocidos y sonrientes, luciendo dignas calvicies y prominentes poncheras, o sea, lograron ser buenos AMIGOS. Pero, son los menos.
Asistir a una reunión de ex alumnos es una travesía lánguida por estaciones pretéritas, donde se reviven anécdotas hilarantes, traumas existenciales y se develan misterios. Uno entra, con su nombre en la solapa y con cara de “no sé qué hago aquí”, después de tantos años sin ver a la gallada. Es necesario un paneo para, entre cabellos grises, calvas lustrosas y barbas crecidas, reconocer a alguien. De repente, se te acerca un obeso mórbido, con anteojos poto de botella, que te abraza: - ¡Boquita! jajaja -¿Guatón Egaña? – Si poh, el mismo, apenas entraste, te caché al tiro, no has cambiado nada tú, ah?, los años no te achicaron el hocico, jajaja…- Ah, si, jajaja…guena la talla…guatón culiao.
La mayoría viste como político en campaña electoral: traje y zapatos lúgubres, camisa blanca y corbata chillona. Los que padecen el síndrome de Dorian Gray, lucen cuerpos tallados a punta de gimnasio, la guata como una puerta, con look a lo Don Johnson, de “Miami Vice”, bronceados como vienesa a la parrilla y lentes oscuros hollywoodenses.
Al comenzar a interactuar, uno se da cuenta que ninguno quiere ser looser, la mayoría se ufana de un exitismo exacerbado. Hay exceso de apariencia, falsedad y ostentación: a todos les ha ido la raja, nadie ha fracasado en lo personal ni le han pegado una PLR en la pega, ninguno está en Dicom, ni ha sido demandado por violencia intrafamiliar ni ha estado preso, ni siquiera, por transgredir la ley de Murphy.
Los arribistas no se sacan de la oreja el último modelo BlackBerry, “twitean” como aturdidos y  presumen de todo: Audi del año, parcela de agrado, casa en la playa, perro pituco, que van de vacaciones afuera y que los calzoncillos Calvin Klein se los compran en la Vía Véneto, en Roma.
Cuando la conversación se amplía, comienzan a circular los chismes candentes: el porro del curso es ahora Diputado; el mijito rico terminó hecho mierda: guatón, pelado, sin dientes y sin mina; el que se perfilaba como delincuente (ese que copiaba en las pruebas) es Inspector PDI; el deportista bueno pa’la pelota fue jugador en segunda división y el alcoholismo genético le cercenó sus aspiraciones de ser vendido al Real Madrid.
Luego de la cena, con discursos latosos, aplausos por compromiso y sonrisas falsas, salimos, con los yuntas, a la terraza, a fumar y beber el último copete. Intercambiamos teléfonos, mails y decimos a coro: -¿Por qué cresta no nos juntamos antes?  Me quedo con esta postal: cuatro cuarentones, con el común denominador de haber compartido una sala de clases, en una relajada conversación sin apariencias ni falsedades ni ostentaciones. Por ellos, valió la pena asistir. 
Si me invitan a una próxima reunión, no voy ni amarrado. Guatón Egaña, ándate a la CTM!

miércoles, 11 de diciembre de 2013

TRADICIONES NAVIDEÑAS


CORONA DE ADVIENTO: Viene de una tradición alemana pre cristiana, quienes, en el invierno, construían una corona con ramas verdes y encendían velas simbolizando la esperanza en la llegada de la primavera, por lo tanto, de la luz y el calor. Para los cristianos, la corona se construye con ramas perennes, con cuatro velas, tres de color violeta y una rosada, que se van encendiendo, una a una, desde la primera semana de adviento hasta la llegada de la Navidad.

PESEBRE: Se le atribuye a san Francisco de Asís, quien, en 1223, armó el primer pesebre viviente, en Greccio, una pequeña población situada entre Roma y Asís, a la que apreciaba por ser "rica en su pobreza" dada la cantidad de conversiones que había logrado allí.  "Quiero presenciar la humildad de la Encarnación y verle recostado en el pesebre entre el buey y el asno", le dijo Francisco a su amigo Juan da Vellita. Se dice que, el 8 de diciembre comenzó a construir una cueva para ese propósito y que el 25 predicó sobre el misterio de la Natividad. Según la tradición, se arma el 8 de diciembre, colocando las figuras de José, María, los pastores y los animales; el Niño Jesús, los reyes Magos y la estrella se colocan el día 24. Se desarma el 6 de enero.

ARBOL DE NAVIDAD: La costumbre de adornar en diciembre el árbol de Navidad con luces, guirnaldas y colocar a sus pies los regalos es de origen celta; pero buena parte de la tradición se origina en una leyenda europea: se dice que durante una fría noche de invierno, un niño buscaba refugio. Lo recibieron en su casa un leñador y su esposa y le dieron de comer. Durante la noche, el niño se convirtió en un ángel vestido de oro: era el Niño Dios. Para recompensar la bondad de los ancianos, tomó una rama de un pino y les dijo que la sembraran, prometiéndoles que cada año daría frutos. Y así fue, aquel árbol dio manzanas de oro y nueces de plata. Por su parte, los germanos vestían sus árboles en invierno (cuando perdían hojas) para que los espíritus buenos que en ellos habitaban regresaran pronto. Los adornos más comunes eran manzanas o piedras pintadas. Se dice que éste fue el origen de los adornos. Los globos de cristal se incorporaron alrededor del año 1750 en Bohemia. La costumbre del árbol se extendió por Europa y América durante el siglo XIX. 

INTERCAMBIAR REGALOS: La tradición de darnos mutuamente obsequios en esta fecha se remonta al siglo IV, cuando el Obispo San Nicolás de Myra se hizo famoso por su generosidad. El religioso se enteró que un hombre estaba desesperado porque no tenía bienes ni dinero para la dote de sus hijas y, justo antes que concretara la venta de una de ellas como esclava, decidió tomar cartas en el asunto y una noche se introdujo por una ventana y tiró tres bolsas llenas de oro, que casualmente cayeron en las medias de las jóvenes. Fue entonces que nació la leyenda de un ser bondadoso que dejaba regalos. La tradición se fue transmitiendo de generación en generación y estableció, para siempre, la costumbre de intercambiar regalos en nombre de la fraternidad y la solidaridad.

SANTA CLAUS: Aunque la leyenda de Papá Noel sea antigua y compleja, y proceda en parte de San Nicolás, la imagen familiar de Santa Claus, con el trineo, los renos y las bolsas con juguetes es un invento estadounidense de estos años. Hasta que el escritor inglés Clement Moore lo imaginó en un trineo llevado por ocho renos, Papá Noel repartía sus regalos a pie o montado en un caballo. Pero además, no siempre tuvo la imagen universal que se conoce hoy. El nuevo aspecto de un hombre regordete, con mejillas rosadas y abundante barba blanca, se debió al arte del caricaturista norteamericano del siglo XIX, Thomas Nast, quien representó así a Santa en una ilustración. En 1931, la Coca-Cola le encargó al diseñador Haddon Sundblom, que dibujara un Papá Noel para su campaña navideña, y esa imagen quedó en el imaginario popular y luego ya nadie lo percibió de otra manera.

PAN DE PASCUA: En el año 1329, los habitantes del poblado alemán Naumburg/Saale se reunieron, en torno a la mesa, con un trozo de stollen o christollen (pan de Cristo) para celebrar la Navidad. A los ingredientes básicos de este pan dulce, como la levadura y el mazapán, se le incorporan otros más cálidos, como las frutas confitadas, nueces y almendras, con el fin de rememorar la tierra en que nació Jesús, donde estos frutos se producen en abundancia. Casi siete siglos más tarde, en la segunda Navidad del nuevo milenio, en Chile se prepara el pan de pascua que se inspira en el que se consumía en el pequeño poblado germano. En Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, España, Perú y Venezuela, se consume el Panettone, receta de origen italiano.

TARJETAS DE NAVIDAD: Comenzaron a utilizarse en la década de 1870, aunque la primera de ellas se imprimió en Londres en 1846.

lunes, 18 de noviembre de 2013

TALABARTERÍA



La palabra deriva de talabarte: cincha, cinturón o correa de cuero, utilizada, antiguamente, por los soldados, para portar la espada, el sable o los cartuchos; la que también se conoce como guarnición.
La talabartería o guarnicionería, es el arte, milenario, que define la elaboración de artículos de cuero; palabra que también identifica a los establecimientos que ofrecen accesorios ecuestres, marroquinería y una amplia variedad de artículos afines.
La materia prima del talabartero es el cuero, obtenido de la capa de tejido que recubre a los animales, que tiene propiedades de resistencia y flexibilidad apropiadas para su manipulación y posterior fabricación de los artículos.
Esta piel es separada, cuidadosamente, del cuerpo del animal, eliminándole el pelo o lana (salvo en los casos en que se quiera conservar esta cobertura pilosa en el resultado final) y, posteriormente, es sometida a un proceso de curtido, que consiste en remojarlo con agua, sal y piedra lumbre, con el objeto ablandar y, posteriormente, eliminar restos de carne o grasa, para dejarlo totalmente limpio y evitar su descomposición.
Según los entendidos, la piel de cualquier animal es factible de utilizar para estos fines, pero, los más usados son: bovinos, caprinos, porcinos, equinos, aves, reptiles y peces.
Uno de los artículos emblemáticos de los talabarteros es la montura, que ya casi no se utiliza, porque los campesinos han reemplazado el caballo por  la moto, pero, hay corraleros, agricultores y  miembros de clubes de huasos, que aún conservan la tradición de ir montados a caballo.
Las primeras monturas aparecen hace unos 4.000 años, cuando se colocaban trozos de cuero sobre el lomo del caballo, para que sirviera de amortiguación y evitar el roce directo con el animal, especialmente en viajes, cabalgatas o batallas.
Con el tiempo, estos simples paños de cuero se fabricaron mucho más elaborados, y ya en el año 700 aC, los guerreros asirios cabalgaban en monturas mejoradas e incluso decoradas. En lo que hoy es Siberia, para el 500 aC, ya se usaban monturas acolchadas que combinaban diferentes materiales. Para el 200 aC, en Asia surge la montura con marco de madera, distribuyendo mejor el peso del jinete sobre el caballo. O sea, estamos hablando de un arte literalmente milenario.
Aparte de las monturas y todos los accesorios ecuestres, como fustas y estribos, en los locales de talabartería podemos encontrar: carteras, porta documentos, correas para relojes, monederos, cartucheras, lazos, cinturones, calzado y vestimentas típicas.

martes, 22 de octubre de 2013

LA TRILLA

Mucho antes que a nuestros campos llegaran las máquinas segadoras, que lo hacen todo, desde cortar las gavillas hasta expulsar el grano ensacado, la cosecha del trigo se realizaba artesanalmente.
Era la trilla a yegua suelta, una actividad colectiva de tradición campesina, heredada de los españoles, y ellos a su vez, de los egipcios e italianos. 
Se trata de caballos y yeguas que corren en círculo pisoteando gavillas, las que previamente han sido cortadas a mano, con la ayuda de una hoz (echona, en el campo).
Lo primero que se hace es preparar la era, un círculo en el cual se deposita tierra arcillosa y agua, mediante el barro, se aprisiona, dejándola lo más horizontal posible. La última etapa consiste en pasear por la era un rebaño de cabras, para dejarla como un pavimento (esta técnica, llamada "a pata de cabra", era usada en la antigua roma para dejar las calles como un eterno asfaltado). Se coloca un alambrado, para proteger el perímetro y ya estaría preparado para el evento.
Luego viene la recolección de las gavillas, que se colocan en el centro de la era, lo que se llama parva. Los arqueteros comienzan a ubicar las gavillas en el borde y es el momento en que entran las yeguas y caballos a pisarlos, primero en un sentido, y luego en el otro. Están los corredores, quienes se encargan de azuzar a los equinos con sus característicos gritos.
Es una fiesta que reúne a patrones, campesinos y pueblo en general. Se realiza en los meses de verano y es amenizado, además, por grupos folklóricos, de baile y las infaltables comidas típicas, carnes asadas, ensaladas chilenas, pan amasado, vinos y el alma de toda fiesta chilena: la emblemática empanada, aflorando de nuevo todos esos ricos aromas a campo y los productos de la tierra, que van coronados por el sol que los madura. Además hay un sinnúmero de competencias, como: carreras de galgos, el palo encebado, el chancho enjabonado y otros.
No puede faltar el mote, trigo que se cuece con ceniza, la que le da un tenue color verdoso, que luego se enfría, para disfrutar de un delicioso, frío y nutritivo mote con huesillos, postre típico de nuestra tierra.
La operación final, es aventar la paja para ensacar el grano, pues se almacenará por separado en la parte superior de las cuadras para usarlos como forraje y cama del ganado
En la actualidad, la trilla se mantiene en algunos rincones del país, pero sólo como una especie de espectáculo para atraer turistas y no se ejecuta, necesariamente, como un proceso de producción, que aseguraba el sustento para las familias todo el año. Un proceso que habla de un acto de separar la semilla, que se transformará en pan y luego en el goce de una familia en torno a una mesa.
La trilla es, sin duda alguna, un patrimonio intangible, que forma parte de los cimientos más importantes de una nación, porque está en los genes de cada uno de nosotros.
"Vuelta yegua, vuelta trigo, agua pa' los animales y chicha pa' los amigos"

domingo, 1 de septiembre de 2013

MALL

Si el consumismo fuese una religión, los Malls serían sus Templos sagrados. Desde que aparecieron, tímidamente, en los 80’s, se han ido convirtiendo, paulatinamente, en sitios obligados de peregrinación de una multitud de impulsivos feligreses, incapaces de resistir al apocalíptico apremio de comprar, sucumbiendo a la lógica hedonista: consume y sé feliz.
Allí todo está pensado para el “consumismo amigable”: vastos estacionamientos, anchos pasillos, brillantes como un convento de monjas de clausura: ni un pastelón desencajado, ni mojones de perro ni charcos de agua sucia, barro fresco o basura pestilente. 
Nos sentimos cautivados, embrujados y seducidos por una arquitectura atractiva, acogedora y artificial: palmeras, plantas y flores chinas de plástico, fuentes de agua cristalina, música ambiental soft en inglés, aire acondicionado, escaleras mecánicas, locales iluminados y decorados con atrayentes adornos de una infinita variedad cromática, baños higienizados con aroma a lavanda (dignos de meones y cagones pulcros) salas de cine agringadas hasta en el olor a pop-corn y un macdonalizado patio de comidas. En definitiva, Ir a un Mall es sentirse protagonista de la película “Confessions of a Shopaholic”, porque la idea de este perfecto glamour made in gringolandia, es que uno se idiotice, se le congele la sensatez, escape de su realidad de asalariado de clase media aspiracional tercermundista y se endeude,  como alienado, comprándoselo todo con mágicas tarjetas de crédito.
De lunes a domingo, de 10:00 a 22:00 horas, se ven familias completas, con abuela octogenaria incluida, recorriendo pasillos, mordisqueando cupcakes, galletas tip-top y donuts, vitrineando, ingresando a locales destacados con una gigantesca palabra SALE en neón, a pelearse por calzoncillos coreanos y medias tailandesas, de a tres por luca, probándose imitaciones de zapatillas de marca o, en el patio de comidas, donde se ve al guatón albondigonoso de barba crecida, con mujer guatona e hijos guatones, todos vestidos con buzo y zapatillas, devorando a tarascones un completo chacarero con la mayonesa chorreando y sacándose fotos para subirlas a Facebook o crear un wallpaper.
Un Mall está en eterno estado de OFERTA y cada mes hay un motivo para acudir, como fiel devoto, atraídos por la parafernalia carnavalesca que arman por: Inicio de clases, Semana santa, “Días”: de la Madre, del Padre, del Niño, de la Secretaria, del Amigo, de la Cahuinera, del Patas negras y del Awuevonao; Fiestas patrias, Haloween chilensis (otra copia de bajo presupuesto de USA), Navidad con nieve artificial y Año nuevo con cuetes importados.
Se supone que comprando dos poleras chillonas, made in China, por cinco lucas, pago pactado en treinta y seis cuotas; tomando helado Yogen fruz y zampándose un combo 100% colesterol, con una súper hamburguesa con carne de dudosa procedencia, papas fritas y gaseosa, extendiendo el combo con cuatro empanaditas de queso por ocho gambas, y siendo espectadores de un show gratuito de un humorista en decadencia, somos inmensamente felices.
Es, realmente, difícil resistirse a tanta instigación junta. Allí todo está dispuesto para tocar, probar, entusiasmarse y decidir. Tenemos Banco, cajeros automáticos y money exchange ahí mismo, no hay excusa para no continuar comprando como descerebrados.
Los Malls han cambiado la fisonomía de las ciudades y los hábitos sociales, culturales y mentales de sus habitantes, convirtiéndonos en autómatas consumistas crónicos; porque nuestros temas de conversación giran en torno a la última visita al Mall, a la evocación, enumeración y evaluación de lo que hemos comprado, lo que pretendemos y lo que no pudimos comprar, o sea, estamos inmersos en una espiral que sólo contempla satisfacciones, aspiraciones y frustraciones de consumo. Compro, luego existo.
El objetivo de Inversionistas usureros, Arquitectos vanguardistas y Marketeros oportunistas se ha cumplido a cabalidad, los Malls se han convertido en mini ciudades que lo tienen todo y es imposible que podamos vivir sin ellos, si hasta hacemos cola para entrar cuando se inaugura alguno… y vamos por más…
Las parejas ya no se juntan en la plaza, el parque o el bar de la esquina, se van a pololear a un Mall. Un cumpleaños no se celebra en casa,  es mejor en el Mall. - ¿Estai aburrío? - Vamos al Mall. -¿No tenís plata? -No te preocupí, comprai con tarjeta y cero atao, poh. – Tu pololo te pegó la PLR? - Te vai al Mall, a un happy hour, cantai karaoke, te sacai fotos, lo pasai la raja y te olvidai de los problemas, cachai?
Viva el consumismo fatuo. Vivan los Malls. Vivan las tarjetas de crédito. Vivan los endeudados. Viva Dicom. Viva la Pepa.